Publicado el: 25 Jul 2019

Pepa, la Vaquera

Una vida unida a la industria de Trubia y al mundo rural

Por Celestino GUTIÉRREZ

Cirujano (Biarritz, Francia)

En esta nuestra pelota espacial los personajes son quienes forman parte de la Historia, los que llenan las hojas de los libros y ahora de internet. Sin embargo, las personas, que son más, nacen y desaparecen como una ola, sin salir del saco del olvido. Esas personas forman parte de nuestras familias, amigos y de las orillas de nuestros caminos.
Para mí, un ejemplo de persona, de buena persona, fue Pepa la vaquera, mi abuela, la cual estaba situada entre dos historias de la Asturias rural, industrial y minera. Una, ligada a sus ancestros navarros, a través de su bisabuelo José Matías Andueza Loyola, menaquero, quien emigraría desde muy joven desde su pueblo natal: Goizueta (Navarra 23/3/1778) a la población asturiana de Castañedo del Monte (Santo Adriano), durante la Guerra de Independencia con Francia, cuyo ejército destruyera las fábricas de cañones de Euguín y Orbaizeta, muy cercanas a la frontera. Vino a la búsqueda de vetas de hierro, lo cual fue encontrado en las minas de la Parva, para lo que sería la nueva fábrica de cañones de Trubia.
El joven Andueza se quedaría en Castañedo, donde se enamoró de una asturiana, se casó, construyó su casa y vivió hasta el fin de sus días (29/10/1848).
La otra Historia, era que Pepa nació en Serandi (Proaza), el 25 de septiembre de 1891, integrante de una familia formada por nueve hermanos, dedicada a la labranza y al cuidado de una vaquería, lo cual llegó a oídos de Don Claudio López Brú, segundo Marqués de Comillas, el cual estaba construyendo en Bustiello (Mieres) su poblado minero que se convertiría en la perla de la minería asturiana, española y europea. Necesitando el suministro de leche para los hijos de los mineros y para el futuro Sanatorio inaugurado en 1909, cuentan mis familiares que el mismo Marqués viajó hasta Serandi para convencer a José (nieto de Andueza) y Pilar, padres de Pepa, para que se trasladasen a vivir a Bustiello. Y así lo hicieron siendo alojados en la aldea aledaña del Pedroso en 1900, con todos sus hijos. Y en Bustiello hicieron honor a su oficio, que los identificaría para siempre en la zona, como los vaqueros.

Pepa, la vaquera

Por tanto, mi güelita Josefa Fernández Vázquez, era más conocida como Pepa la vaquera y se casaría con un minero gallego, acogido en el albergue creado para tal fin, dentro del poblado. Tenía dotes de comadrona por lo cual, entre la familia, a muchos nos ayudó a bajar el tobogán obligatorio para llegar a la vida en casa, como era habitual todavía, a mediados del siglo XX.
Era alta y recta, grande y buena en cuerpo y alma y fueron once sus hijos, aunque cinco no superaron la infancia en aquella época en que las enfermedades víricas y bacterianas pululaban a sus anchas, especialmente y como siempre, entre la gente humilde. Por estar en el sitio y momento adecuados, la Silicosis la hizo viuda aún joven y la idea de la emigración entró por su ventana para llevarle a su hija menor Malina (Amalia), madre mía y a mí con ella, el único nieto nacido y criado en su casa. Ese día de marzo, en 1958, saltaron los gritos y el llanto ante una triste despedida que Pepa la vaquera intuía para siempre, como así fue pues fallecería el 17 de septiembre de 1966. Yo la adoraré eternamente.

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