Publicado el: 06 Sep 2019

Buscadlos en la montaña, ocultos en la bruma

Luis GARCÍA DONATE

Bienvenidos una vez más queridos míos a este salón plagado de historias donde resuenan las palabras de este vuestro más humilde servidor mes tras mes, quieran las musas que puedan hacerlo durante mucho tiempo. Sin más tiempo que dedicar a los preámbulos, si os parece, entremos en materia, os espera un asunto interesante.

Por casi todos es conocida la leyenda del gran rey Arturo, el Rey que fue y será, con sus nobles caballeros y su mágica espada Excalibur, no olvidemos tampoco al noble mago Merlín, sus historias han sido contadas miles de veces a lo largo de los siglos y de un sinfín de formas. Seguramente no esté diciendo nada que no sepáis ya pero saco esto a escena porque este mes, el día ocho concretamente, se celebra el Día de la Virgen de Covadonga, “La Santina” como la conocemos los asturianos. Todos o casi todos conocemos la historia, la leyenda de lo que hicieron Pelayo y trecientos valientes al pie de aquella cueva, según dicen algunos ayudados por la propia Virgen para lograr derrotar a una gran hueste de invasores y establecer un reino. Poco se sabe a ciencia cierta de aquellos días pues los cronistas de ambos bandos no fueron muy exactos al presentar los hechos y como decía aquel, “barrían pa’casa” , no los culpo  ya se sabe que los cronistas a sueldo del rey de turno, tenía que procurar hacer quedar bien a sus jefes y deformaban los acontecimientos según fuera conveniente, si no, que le pregunten al pobre Procopio que tenía que ensalzar a Justiniano y señora para poder conservar el puesto, afortunadamente, se conserva su Historia secreta, donde uno tiene acceso a las miserias y culebrones de la corte, una lectura más que recomendable. Volviendo al tema, quiero decir como asturiano orgulloso de su tierra y de su historia que en nuestros anales tenemos episodios que eclipsan a cualquier leyenda y lo más impresionante es que fueron reales y uno puede verse allí en carne y hueso, depende de la cantidad de turistas, todo hay que decirlo, para los que nunca han estado allí Covadonga desprende ese tipo de energía especial que resuena a través de los siglos y conecta al humilde visitante actual con los grandes héroes de la antigüedad.  Así que desde aquí propongo que el ocho de este mes alcemos nuestras copas por la Virgen, por Pelayo y por qué no, por los guerreros que moran entre la bruma de las antiguas leyendas y gestas del pasado.

Hasta aquí el artículo de este mes, supongo que yo también barrí pa casa como los viejos cronistas pero no me arrepiento,  en estas tierras siempre fuimos, somos y no me cabe duda de que seremos, grandes al mismo tiempo que humildes. Una vez dicho esto damas y caballeros, no queda más que sumarme con vosotros a ese brindis del que antes hablaba y aunque alguno me lo recrimine por localista, puxa Asturies, hasta más ver querido público, quedo a vuestro servicio.

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