Publicado el: 15 Oct 2019

Alejandro Calvo: “Hay que mantener la economía rural”

“El campo asturiano ya ha cambiado y lo que tenemos que conseguir es que surja una realidad nueva, que no queden sólo los restos del pasado”

«Nuestro modelo de ganadería es el que busca Europa, no industrial, pero sí profesional y de gran calidad»

Alejandro Calvo, consejero de Desarrollo Rural, en su despacho/ F. R.

L. S. Naveros/ Oviedo
Alejandro Calvo (Cangas del Narcea, 1975) inició su mandato como consejero de Desarrollo Rural bajando a la cuadra: su primer acto se lo dedicó a los ganaderos quirosanos, con una visita al cebadero del concejo. Poco después se calzó una camiseta y corrió en el trail de Belmonte contra el despoblamiento. Dos gestos con los que puso de relieve algunas de sus prioridades: defender el modelo ganadero asturiano y ayudar a poner las bases para frenar la sangría demográfica del campo asturiano. Ingeniero agrónomo, máster en Ganadería y Desarrollo Rural, enólogo, ha estado vinculado a la gestión cultural del Principado de Asturias como director de la Sociedad Pública de Turismo y Cultura del Principado, y ha sido director general de Política Forestal y viceconsejero de Cultura y Deporte.
-Cada vez menos y cada vez más viejos. ¿Se puede hacer algo realmente para evitar la decadencia de la zona rural?
-La gran batalla es conseguir que los mensajes de ilusión sean creíbles. A la gente les suenan a adanismo. Y no soy un optimista, soy perfectamente consciente de la dificultad, pero si no tienes una visión no avanzas. Hay que saber a dónde vas. El problema de actuar desde una Administración es que hay tanta burocracia que a veces se pierde el objetivo, el propio proceso se convierte en el fin, y los ciudadanos tienen la sensación de que ellos y sus problemas reales no importan. La razón la tienen ellos, estamos aquí trabajando para ellos.
-Para la lucha contra el despoblamiento, cuentan con un comisionado, Jaime Izquierdo.
-La relación es muy cercana, hay una gran sintonía, es una suerte. Con todas las dificultades, vamos de verdad a afrontar este reto. Es muy complicado, pero nuestra postura no es romántica, es muy realista. El mundo rural ya ha cambiado, y lo que tenemos que conseguir es que no queden los restos, que surja una realidad nueva.

“Soy muy realista y consciente de la dificultad, pero si no tienes una visión no avanzas”

-¿Y por dónde empezar?
-El medio rural es diverso, no es una realidad uniforme. Hay un medio rural periurbano, para el que no hay ninguna amenaza y sí muchas posibilidades, como Siero, por ejemplo. Con mucha calidad de vida, y casi lo mismo en servicios que una ciudad. Luego hay zonas más alejadas, pueblos de alta montaña. En esas zonas se irá hacia otro manejo del territorio, con concentración mayor en las villas y los pueblos como centros de trabajo, centros de gestión territorial. La gente quiere tener expectativas de futuro, ganarse la visa, poder criar a sus hijos, estar seguros de que dentro de cinco años van a seguir teniendo escuela. Uno de los objetivos, pues, es mantener economías y que los servicios públicos no estén en riesgo. Y eso pasa por un pacto rural-urbano, que la gente de las ciudades entienda que hay que ayudar a que ese medio se mantenga, con fiscalidad e iniciativas directas. Hay que zonificarlo, y establecer zonas prioritarias.

“Asturias no es uniforme, hay que zonificar y establecer zonas prioritarias”

-La impresión desde la zona rural es, sin embargo, que la Administración es una carga más, no un aliado.
-Hay que modernizar la Administración. Hay unas normas que cumplir, pero esa carga burocrática no se la podemos trasladar a los vecinos. Tenemos que desarrollar herramientas que permitan facilitar la relación cotidiana con la Administración, y potenciar la red de oficinas comarcales, once oficinas que están en todo el territorio asturiano, que han quedado como unidades de gestión y registro, pero que deben ser la cabecera de muestra presencia en el territorio.
-Uno de los graves problemas es el abandono de los montes. Y se criminalizan usos tradicionales, como el fuego.
-Hay un cierto fetiche con el fuego, es una práctica tradicional y tiene una cultura detrás, y todos los aprovechamientos tradicionales del monte tienen interés. Tenemos una ley de Montes muy sólida, lo que hay que hacer es aplicarla con agilidad, que cuando se hagan quemas, por ejemplo, que requieran acompañamiento de funcionarios, las autorizaciones se hagan a tiempo. Es una forma también de prevenir incendios, todos los medios que vayan al aprovechamiento del monte y a la prevención son prioritarios.

“Hay que financiar el medio rural y sus servicios, con fiscalidad e iniciativas directas”

-El abandono del monte es una de las causas de los incendios.
-La situación de manejo del territorio no es la que era, y hay que sustituir la labor que antes hacían los paisanos. Hay que eliminar combustible del monte, en el marco de la ley, dar con agilidad los permisos, ayudar a los ayuntamientos en esa tarea y que las ayudas lleguen cuando tienen que llegar, en las épocas del año precisas, que cada ayuntamiento tenga su plan de incendios y que nosotros lo podamos gestionar.
-Los ganaderos están preocupados por amenazas globales, como el acuerdo de Mercosur.
-Uno de los problemas de nuestro campo es esa sensación de derrota, vemos más las amenazas que las oportunidades. Hay amenazas indudables, como acuerdos comerciales que vienen de la globalización, o la moda de consumir menos carne. En ese contexto, nuestra producción parte con ventaja frente a otras, porque producimos de una manera sostenible, con un modelo familiar y de altísima calidad. No competimos en precio, competimos en calidad. Nuestro modelo es el que todo el mundo quiere, no industrial, pero sí muy profesional y de máxima calidad. Tenemos que darle valor a eso en el mercado, y se está haciendo, bajo marcas de calidad como IGP.
-Otra amenaza es el Brexit y las normas europeas por el clima.
-Con el Brexit hay una incertidumbre, pero para el campo no es inmediata, la financiación actual está reconocida y prorrogada hasta 2023. La PAC va a ser cada vez más una política medioambiental, y ahí estamos muy bien posicionados. Tenemos el modelo hacia el que quiere ir Europa, tenemos que conseguir que se nos reconozca ese plus, de ganadería sostenible, en extensivo. Nos adaptamos perfectamente a los objetivos medioambientales. Cada territorio quiere mantener su financiación, y ahora, por primera vez seguramente, tenemos argumentos para defender nuestro modelo en Europa.
-¿Y los problemas con la fauna salvaje?
-Nuestra mejor política medioambiental es que haya un medio rural vivo, y no podemos permitir que la gente que vive en el campo cargue con el peso de preservar la fauna salvaje. Esa carga debe ser soportada socialmente, no por particulares. Además de pagar las indemnizaciones, hay que actuar sobre poblaciones excesivas, bajo criterios científicos y técnicos, algo que se define en el plan aprobado en septiembre. Hay que actuar para que las poblaciones estén donde deben estar, y así evitar los daños, y cuando éstos se producen, satisfacer el daño económicamente, porque el otro daño, el moral, no se puede compensar. Tenemos marcos legales, que han superado recursos en los tribunales.
-Hay mucha preocupación por la extensión de plagas como la vespa velutina.
-Es muy difícil solucionarlo en toda su extensión, tenemos un grupo de trabajo con expertos. Hay que coordinarse con los ayuntamientos, liderar el plan y poner los fondos, actuando en dos ámbitos, el preventivo, con el trampeo de primavera, y también específicamente trabajar con sectores afectados, como los apicultores. Hay mucha alarma social, pero hay que entender que es una avispa voraz, pero su peligrosidad es similar a la de la europea.

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