Publicado el: 08 Feb 2020

La cuesta de febrero

Por Plácido RODRÍGUEZ

Dicen que la cuesta de febrero es consecuencia del mal uso de las tarjetas con las que financiamos el ancestral mito de la Navidad, una quimera diseñada con las nuevas pautas consumistas que se ocultan bajo el gorro de Papá Noel o el manto de los Reyes Magos. Además, por si las fábulas no consiguen agotarnos el crédito, las rebajas acechan a la vuelta de la esquina para acabar de exprimirnos el bolsillo. A modo de prolongación artificial de las neuronas de nuestro cerebro, la tarjeta de crédito fue creada hace pocas décadas por los laboratorios en los que lobbies comerciales y banqueros hacen sus experimentos con el objetivo de sacar el máximo rendimiento al mal uso de nuestras molleras. Y tal vez sea por una incontinencia consumista o por la supina gilipollez de querer llegar más alto que hemos asentido, como aquel “pringao” que dibujaba Forges, en prolongar la cuesta de estrecheces que antes se subía durante el mes de enero. Una prueba de esta manipulación fue la fórmula matemática que se sacó de la manga un psicólogo llamado Cliff Arnal para concluir que, después de los excesos navideños, el mal tiempo o el incumplimiento de los propósitos del nuevo año, llegamos al tercer lunes de enero con una gran decepción, de manera que esta fecha se convierte en el día más triste del año. Lo que no contó este psicólogo fue que el principal motivo que le hizo llegar a esa conclusión se debió al encargo de una empresa de viajes para incitar a la gente a volar en esa fecha, con la escusa de paliar la depresión. Arnal se pasó 10 años descojonándose del mundo, que se tragó a pies juntillas el invento del Blue Monday, hasta que “Turismo de Canarias” creó otra campaña, “Stop Blue Monday”, que apelaba a la libertad humana para decidir por uno mismo, sin que ninguna fórmula dictase qué hacer con los días del año. El Stop Blue Monday tuvo tanto éxito en Inglaterra que la afluencia de turistas británicos se multiplicó en Canarias hasta tal punto que por cada euro invertido en la campaña Canarias obtuvo más de 800. El propio Arnal intentó desmarcarse de la mentira que había creado diciendo que “es hora de renunciar a las noticias y a las fórmulas inventadas que manipulen nuestros sentimientos”. Lo que no sabemos es si esas declaraciones fueron otra vez el fruto de la maquinaria financiera que nos ofrece nuevos productos envenenados con los que salir de la depresión económica y emocional en la que, ahora también, nos sume febrero. No sabemos si lo hizo para que la manera de disipar esa tristeza sea facilitarnos la subida a la empinada cuesta. Lo que si estamos en condiciones de saber es que la pendiente se sigue prolongando cada vez más, y sólo de nosotros depende llegar a convertirnos en esos pringaos que se agotan subiendo, un mes tras otro, hasta completar la totalidad del calendario.

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