Publicado el: 21 Feb 2020

Inmigrantes

Beatriz ÁLVAREZ

El centro cultural Conde Duque en Madrid acoge la exposición “Emigrantes invisibles” que recoge parte de la historia de los emigrantes españoles en EEUU a caballo entre los siglos XIX y  XX, un periplo que, a diferencia de otros movimientos migratorios es prácticamente desconocido, apenas una gota entre millones de migrantes pero que hay que conocer porque para saber quiénes somos, tenemos que saber de dónde venimos. Paseando entre el material que compone la muestra, reflexiono sobre el valor que aporta la inmigración a la construcción de un país, en este caso, al crisol de culturas que es EEUU, un país de contrastes y claroscuros, levantado por italianos e irlandeses, polacos y, en menor medida, por otras nacionalidades como la nuestra. EEUU, siempre potencia mundial gracias a los pobres que huían de Europa como hoy huyen hacia el Norte. Y pienso en la necesidad de cada uno de conocer sus raíces, de no olvidar la tierra de los antepasados. Es entonces cuando no puedo quitarme de la cabeza a todos aquellos que llegan a nuestras costas escapando de hambre y miseria, de guerra y de persecución política y es mi esperanza que se les reconozca el valor que aportan a nuestra sociedad y a nuestra cultura y se les dé el lugar que realmente tienen en este momento que nos ha tocado vivir. Quizás sea mañana o quizás también tenga que pasar siglo y medio, perder sus raíces y su lengua materna, renegar de su origen, para que sus descendientes tras crecer sintiendo la tierra ajena como propia quieran conocer de dónde vienen y les monten una exposición que suponga ese reconocimiento que deje atrás la velada (o no) xenofobia que habita entre nosotros. Algo complicado pues se tiene miedo al diferente, pero pánico al pobre.

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