Publicado el: 16 Mar 2020

Subestación de Santa María, una acusación fuera de tiempo

Plácido RODRÍGUEZ

Concejal de Urbanismo de Grado 

Cuando la duda atenaza el cerebro cuesta enlazar las palabras, y en estos días difíciles en los que la unidad debiera predominar a la pugna de las ideologías, una parte de este concejal se doblega a la presión de contestar mientras la otra intenta evadir el enfrentamiento.

Existe un mar  de folios que inundan el expediente de la subestación de Santa María, un mar en el que bucean intereses políticos y personales, un mar en el que a veces salen a flote las confrontaciones. Y como no parece que sea el momento oportuno para confrontar, intentaré dar unas pinceladas  sobre un lienzo repintado en muchas ocasiones.

Y todo empezó cuando el interés general a modo de Gran Capitán del reino dictó que de nada servía lo que dijeran algunos alcaldes, que, a modo de pequeños comandantes de puesto, por mucho que  alguno  enarbolase banderas justicieras, nunca, ni unos tuvieron la potestad de poner aquella subestación, ni mucho menos los otros de quitarla.

Y la gran autopista de la electricidad se hizo sobre el trazado que estaba previsto, y  también colocaron los entronques necesarios con otras carreteras eléctricas, en un lugar que a algunos no gustó, y los unos y los otros cobraron los tributos que  les ofrecieron. Algunos no tuvieron más remedio que aceptar el concepto relativo de la propiedad, ya que cuando uno cae en la tentación de decir “mi casa, mi terreno o mi ayuntamiento”, en unos casos el Estado te dice que pagues la contribución y en otros te permite cobrar  impuestos por ello, hasta que decide hacer un pantano, una carretera o un tendido de alta tensión. Entonces te indemniza y  te permite ir a vivir a otro sitio.  Otras veces, por desgracia, no le queda más remedio que declarar el estado de alerta.

Y con el paso del tiempo hay que acometer nuevas modificaciones para poder desmontar cerca de un centenar de kilómetros de una red de alta tensión obsoleta que, además, cruza por encima de núcleos urbanos. Y esa electricidad hay que hacerla recircular por aquella gran autopista, y se aprovechan algunos entronques para volver a hacerla salir por vías más pequeñas,  y  en alguno de esos entronques, como el de Santa María, hay que realizar algunas adaptaciones.

Entonces surgen de nuevo las confrontaciones, a contratiempo. Y suelen ser el mismo de siempre, el que la inquina le impide medir los tiempos y guardar las distancias, quien nos vuelve a señalar con el dedo, acusándonos de contaminar el medio ambiente con el veneno de los campos electromagnéticos que se generan en las instalaciones anexas a la gran subestación, y de ser complacientes con los poderosas empresas eléctricas.  Y éste Concejal de Medio Ambiente no quiere que el ímpetu del contraataque sobrepase los límites de la prudencia, no en estos momentos difíciles, y se limita a poner en cada bandeja de la balanza un peso diferente.

En un lado de la balanza coloca del espacio que ocupa un campo de fútbol, que es el espacio que afecta  la ampliación de la subestación, una obra necesaria para poder desmontar casi un centenar de kilómetros de líneas eléctricas de alta tensión. Del otro lado pone ese tendido que se desmantela con un espacio afectado de aproximadamente 300 campos de fútbol. Cada quien podrá hacer sus cálculos; tiempo habrá, esperemos que más pronto que tarde, de entrar a valorar más detalles.

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