Publicado el: 26 Mar 2020

Adiós al artista quirosano Juan Falcón

Multidisciplinar, creativo, heterodoxo y bohemio, deja una obra dispersa y de difícil clasificación, y uno de los iconos del valle, la escultura de Tuñón que simboliza la Senda del Oso

Retrato de Juan Falcón en su juventud, cedido por la familia

Beatriz Álvarez/Quirós

Fallece Juan Falcón (1959-2020) pintor quirosano, artista multidisciplinar que vivió gran parte de su vida fuera de los circuitos convencionales y que fue querido y reconocido por muchos de sus vecinos. El artista llevaba un tiempo ingresado aquejado de una penosa enfermedad que finalmente le venció la pasada noche. Autor de una obra admirada por muchos y codiciada por los coleccionistas, muchos de sus trabajos permanecen ocultos en los hogares de quienes fueron sus amigos. Juanín como le llamaba su gente, es el ejemplo de bohemio irredento y anárquico en el sentido amplio de la palabra y quizás también un poco maldito, “jamás sujeto a un techo fijo ni a un orden que él mismo no eligiera”, en palabras de su familia. Las circunstancias excepcionales de su muerte que impedirán la despedida de amigos y familiares avalan su leyenda.

Falcón desarrolló su obra de forma poco convencional, lo que, sin embargo, no fue inconveniente para reunir una gran producción, sobre todo, dibujo, pintura y escultura a la que hay que sumar grabados, carteles, escenografía, cerámica y diseño de interiores y mobiliario, mucha de la cual se encuentra dispersa. Falcón llevó una intensa vida personal paralela a la artística. No era raro encontrártelo por el Oviedo Antiguo donde siempre estaba dispuesto a charlar e incluso a venderte su último trabajo.

Estudiante del Orfanato Minero -su padre murió en un accidente de mina cuando él tenía 5 años- fue allí donde sus maestros descubrieron su indiscutible talento artístico y le animaron a matricularse en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, donde aún hoy conservan su ficha de estudiante. El apoyo de quien era director de la Escuela ovetense en aquellas fechas, Bernardo Sanjurjo, del escultor Fernando Alba y otros profesores como el dibujante y ceramista Adolfo Folgueras le avalaron para conseguir una beca que le llevo al Centro de Arte San Jaime de Barcelona, desde donde dio el salto a París también con una beca de estudios que obtuvo al ganar por unanimidad del jurado el Concurso de Artes Plásticas Corberó. Allí, finalizando los setenta, se consolida como artista emergente, mientras trabaja en los talleres de Eduardo Arroyo y Valerio Adami. En París donde vive en una diminuta “chambre de bone” en la vivienda y estudio del primero entra en contacto con los ambientes intelectuales y artísticos parisinos. Es en esta época cuando su pintura se llena de surrealismo figurarivo, muy expresionista, con gran velocidad y protagonismo de ambientes musicales y nocturnos, según destaca un comunicado hecho público hoy por su familia, entre la que está la galerista y concejala socialista de Oviedo Lucía Falcón, y el también artista Juan Falcón, ambos sobrinos del quirosano fallecido.

A mediados de los años ochenta frecuenta a la familia de Joan Miró gracias a su amistad con su hija Dolores, los Miró son quienes le sufragan un viaje a Roma crucial en su carrera. Miró y el músico francés Alain Planes, le introducen en la sociedad parisina siendo este último quien le abra las puertas para realizar la escenografía y vestuario de la ópera de Monteverdi «Il mondo de la Luna» al presentarle al escenógrafo rumano Ilie Valea.

A su regreso de París, en 1983, Falcón, nieto de Bartolo de Salceo, pasa una larga temporada en Bárzana (Quirós) donde su familia aún conserva hoy su casa familiar y comienza una etapa marcada por su trabajo escultórico. Maternidades y figuras humanas desnudas que se abrazan enlazadas y desnudas con una importante carga sensual. Para trabajar prefiere el barro, si bien también realiza algún trabajo en hierro junto a la familia Urruti.

Pero para el creador el punto de partida es siempre Oviedo, estancia o llegada. Nuevos proyectos laborales le llevan a El Ejido (Almería), Granada, Madrid y localidades españolas se suceden en el tiempo. Expone en Oviedo de la mano de Josefina Cimentada y Marta Llames, esta última le presenta a José Agustín Goytisolo, quien queda muy sorprendido por su mundo propio, heterodoxia manifiesta y rebeldía sin posible doma a la que dedica intensas páginas. La venta directa o en la calle, sin intermediarios manifiestos, constituye su modo de vida por décadas enteras.

A principios de los 90 Falcón colabora en distintas campañas de promoción del Principado, quizás su obra más conocida y popular sea la escultura del oso al comienzo de la Senda del Oso, en Santo Adriano de Tuñón. La obra pública se trenza entonces con la obra pictórica, jamás abandonada, que llega a copar las paredes de numerosos hoteles (Clarín, Ciudad de Oviedo, etc) y con escaso pero fiel nómina de coleccionistas.  Navegó con éxito en el terreno de las primeras vanguardias del siglo XX como motivo: cubismo, surrealismo, pintura onírica, rechazo de cualquier concepción meramente realista o plana. Pintor asturiano por encima de todo, fue amigo del folclore con motivos sobre gallos, sidras o aldeanos en fiestas populares, sin la menor colisión con todo lo anterior. Escasas pero no menos decisivas fueron sus incursiones en revistas poéticas (la italiana “Alta Forte” o la alemana “Park zeitschrift”), escenografias teatrales y noches poéticas parisinas en diversos cafés cantantes (con Fabrice Gravo).

Para el Ayuntamiento de Quirós diseñó la escultura de “Belarda” una mujer que vendía avellanas que forma parte de la historia del concejo y cuyo proyecto duerme en un cajón esperando poder llevarse a cabo. Mientras esperamos que “Belarda” ocupe el lugar destinado para ella en la plaza de Bárzana, se ha convertido en el regalo institucional del Consistorio.

 

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