Publicado el: 20 Abr 2020

A pie de calle: “Están esperando por mí sobre todo para hablar”

La candamina Cristina Fernández, del servicio de ayuda a domicilio moscón, relata el impacto del coronavirus en los mayores que viven la pandemia aislados en sus casas en la zona rural

Cristina Fernández

L. Naveros / Grado
Cristina Fernández, de Candamo, lleva trabajando en el servicio de ayuda a domicilio de Grado desde 1997, un colectivo situado en primera línea en el apoyo a los más vulnerables a la pandemia de coronavirus, y que fue premiado por el Ayuntamiento motivo del pasado 8-M. La crisis sanitaria la coge atendiendo a seis personas, entre los 88 y los 96 años, en Santa María de Villandás, Seaza y Vigaña. Son población objetiva de riesgo, pero no tienen miedo. “Todos viven solos, uno de ellos es el único habitante de su pueblo, así que el aislamiento es para ellos lo normal. Están esperando por mí sobre todo para poder hablar”, cuenta Cristina, que pertenece a un colectivo que recibió el pasado 8 de marzo uno de los premios del Ayuntamiento moscón. Ella no tiene miedo, pero sí reconoce que las compañeras que trabajan en la villa lo están pasando peor, ante el temor de llevar el virus a sus hogares. “Cumplimos los protocolos, pero claro, con el aseo es imposible mantener la distancia de más de un metro, hay que arriesgarse, el brazo no te mide metro y medio”.
Las personas a las que atiende, tres mujeres y tres hombres, tienen en ella un apoyo material y moral. “Se hacen el desayuno, encienden la cocina. Una de ellas sigue con su huerta, otro cuida a las pitas y parte la leña. Ven mucho la tele, pero el aislamiento que tienen siempre ahora les ayuda: dicen si ye como lo veo por la tele, dónde lo voy a coger”, cuenta Cristina.
“Pienso que si no me pagaran seguiría yendo a trabajar. Para mí no son números, que parece que ahora el mundo ve a la gente como números. A mí dame mucha pena, porque son un poco como nenos y nos necesitan”. Al pie del cañón, ella y sus compañeras son la prueba de que los trabajos imprescindibles no siempre son los más valorados.

Las trabajadoras del servicio de ayuda a domicilio de Grado, que recibieron uno de los premios otorgados por el Ayuntamiento por el 8M

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