Publicado el: 18 May 2020

Historia de lo cotidiano

Además de los grandes hechos, el relato del pasado también se crea con las vidas comunes, como el panadero de la fábrica de armas que ilustra estas líneas

Toño Huerta

Presidente de la Asociación por el Patrimonio Histórico Industrial de Trubia

Cuando se habla de historia una gran mayoría de autores elogian las grandes fechas y los grandes nombres. Efectivamente hay personas y hechos de enorme relevancia que forman parte del engranaje histórico, creando hitos en un proceso lineal donde todo está interrelacionado. Pero no se debe caer en la vanidad de considerarlos como los únicos protagonistas. Ya Unamuno habló de la intrahistoria, un antecedente de la historia social en la que lo que importa son las personas, las pequeñas historias del día a día que hacen la gran historia.

En relación a la historia industrial, si nos centramos en nuestros valles, siempre es recurrente hablar de prohombres como Casado de Torres, el general Elorza, Gabriel Heim o Jean Joseph Chauviteau; de grandes efemérides como la creación de la fábrica de armas de Trubia,  la apertura de la carretera de Trubia a Quirós o la aparición de la minería en Teverga; o de infraestructuras como el ferrocarril minero, los hornos altos o el taller de artillería. Fechas, nombres o logros que aparecen en los libros pero que dejan de lado a los verdaderos protagonistas, a las personas que los hicieron posibles con su trabajo y esfuerzo, muchas veces a costa de un gran precio. A esos hombres y mujeres es a quien quiero hacer este pequeño homenaje, a los grandes olvidados de nuestra historia que, sin embargo, son los héroes de nuestra memoria.

¿Quién no guarda en casa un recuerdo en forma de fotografía, documento o escrito de algún antepasado suyo? Y cuando se lee, se mira, se estudia, se siente la emoción de lo que representa y nos cuenta, son objetos cuya alma sigue vigente y nos enlaza con nuestra historia familiar. Nos hablan de mineros, de guardesas, de rondines, ferroviarios, metalúrgicos, peones, barqueras y un largo etcétera. Muchos anónimos para la colectividad pero familiares para unos pocos, con nombres, apellidos y vivencias. Y esa es la historia que importa, que enlaza también con los recuerdos de lo que vivimos y con las anécdotas de nuestros vecinos.

Panadería de la fábrica de armas

La fotografía que ilustra este artículo es de la panadería de la fábrica de armas de Trubia, y en ella sale el panadero. Para el gran público es un personaje anónimo, pero no para su familia; para ellos esa imagen cuenta una gran historia. Y de la suma de esas historias familiares nace el relato. Y lo que es más importante, a la hora de dar a conocer nuestra historia, para la mayoría de personas probablemente sea más interesante conocerla a través de la vida de este panadero que de los grandes hechos de grandes personajes. El papel de la anécdota o los recuerdos en la difusión e interpretación de la historia son fundamentales para acercarnos a la misma.

Por ello es muy importante no perder nuestra memoria, recopilar toda la información que se pueda en forma de fotografías, cartas, recuerdos y cualquier otro documento que haga que no olvidemos a nuestros antepasados. Que nos permita conocer de donde vinieron nuestras generaciones pasadas, enlazar con sus vivencias y construir la verdadera historia. Las grandes biografías de personajes históricos son importantes, pero jamás deberíamos olvidar que todos sus hechos no hubiesen sido posibles sin las miles de personas anónimas que forman parte de lo cotidiano. Nuestra memoria es la memoria del día a día y, al menos para quien suscribe estas líneas, despierta más emociones ver al panadero de la fábrica de armas de Trubia que a cualquier gran empresario o ingeniero de los que tanto se ha escrito ya.

 

Pie de foto: Antigua panadería de la Fábrica de Armas (Archivo Fábrica de Armas de Trubia)

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