Publicado el: 23 Jun 2020

La historia sin final de la infancia sin conciliar (y III)

Emilia BARRIO

Pedagoga y técnica de Juventud

Volvemos a las calles con una estética mascaril, libres de horarios y presos de recelos. Llegamos a la nueva normalidad, sabiéndosenos vulnerables, unos con más miedo, otros con más ingenuidad, algunos con más escepticismo, pero todos y todas con secuelas y esa dosis de ansiedad que produce esta película sin final previsto.

Los adolescentes, la mayoría, se reúnen en grupos deseosos de amigos, de hablar, hay tanto que contar, luego esta esa inmediatez que llevan por bandera que junto con la necesidad de saltarse las normas para autoafirmarse, les impide ver la necesidad de adoptar medidas preventivas contra un virus que no ven como suyo y que las campañas publicitarias institucionales, que dan mucho miedo, dicen que sigue ahí y ahora es nuestra responsabilidad.

Los niños siguen ganando protagonismo, casi comparable al de Fernando Simón, pero a diferencia de él sin voz ni voto en cuanto a lo que les concierne directamente. Ahora van ligados directamente al vocablo: conciliación (casi se olvida que también hay que incluir el cuidado de dependientes adultos en eso de conciliar).

El bicho nos abrió los ojos y si hace unos meses con el dichoso “pin parental” los niños eran de los padres, ahora vuelven a ser del gobierno que parece debe ser el pagador de la conciliación. La verdad es que siempre fueron los abuelos, las escuelas y las actividades extraescolares quien se encargó del cuidado de los niños mientras los progenitores trabajaban, esta es la conciliación que conoce la mayoría, las minorías por arriba y por abajo no necesitan conjugar ese vocablo.

La escuela no quiere ser “aparcaniños”, no estaba en su origen esa función, pero hace tiempo que la asumió, uniendo la custodia a su labor educadora y socializadora, creo que fue exactamente en el momento que el capitalismo necesitó el trabajo de la mujer. Es obvio que mientras están en la escuela, los progenitores podemos trabajar sabiendo que nuestros retoños están cuidados y en un entorno seguro. Hace años, cuando se plantearon los horarios de clase intensivos de mañana, cinco horas de clase, sólo por la necesidad de las familias de conciliar sin importar criterios ni psicológicos, ni pedagógicos, ni siquiera biológicos, nadie dudo del papel de la escuela como custodiadora de niños.

En estos tiempos de pandemia todo recae sobre las familias y volvemos aumentar la brecha de género, porque en la mayoría de los casos es la mujer la cuidadora, aunque trabajen los dos miembros de la pareja, siempre renuncia al trabajo el que menos ingresos aporta y hoy por hoy mayoritariamente solemos ser nosotras.

El colectivo Malasmadres, que reivindican la conciliación con su campaña #EstoNoEsConciliar ya recogió casi 200.000 firmas señalando que las familias no son prioridad en esta sociedad y aseguran, según un estudio propio, que 6 de cada 10 mujeres renuncian su carrera profesional para cuidar a sus hijos. Las medidas que proponen son facilitar el teletrabajo, la adaptación de jornada y reducción de la misma sin pérdida salarial ó ayudas económicas para contratar cuidadores. En estos días parece que se van implementando medidas que siguen esas demandas: Galicia está subvencionado a las familias para contratar cuidadores -permítanme dudar si pesan más la concienciación o las cercanas elecciones-, a nivel de funcionariado se facilita el teletrabajo para cuidado de menores y dependientes -permítanme nuevamente dudar cómo se concilia trabajar y cuidar al unísono y ya imaginamos quién se va a quedar en casa- y lo de reducir trabajo sin pérdida salarial y esperar que la empresa lo asuma, por mucho que nos cambiara la pandemia, sigue siendo idílico.

Se clama porque la atención de la infancia y adolescencia venga de lo público, quizá también las empresas deben implicarse más y retomar aquellos planes de igualdad y conciliación que quedaron en papel mojado. El cambio debe ser más profundo para que haya una participación de hombre y mujer por igual en el trabajo y en los cuidados, eso sería verdaderamente Conciliación con mayúsculas, como todo,  conlleva decisiones políticas y muchos recursos económicos.

Ahora nos queda un largo verano por delante, no será fácil para muchas familias, que tendrán que recuperar lo no trabajado estos meses y los niños volverán con los abuelos (colectivo de riesgo) o a los campamentos de verano o programas de conciliación de los ayuntamientos tan necesarios este verano y por los que Unicef apuesta como entornos protectores para la infancia.

Si nos centramos en las necesidades de los niños y niñas, no en las de los padres y madres que vienen impuestas por este sistema productivo, después de tres meses de deberes online en cautividad y las felicitaciones posteriores por lo bien que lo llevaron (sabemos que no fue fácil), yo creo que necesitan y se merecen un verano de sol, aire, juegos, amigos, diversión, empatía, mimos,educación emocional  y  mucho apoyo psicológico.

A los gobiernos les toca seguir trabajando, necesitamos para septiembre una escuela segura y adaptada a los nuevos tiempos, sirve la receta tradicional de pre-pandemia:

+ inversión, + formación del profesado, + equidad educativa  y  – ratio.

Buen verano y que haya salud.

 

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