Publicado el: 10 Jul 2020

En el adiós al tevergano José Antonio García Arias, Pepe de Manolo Visita

José Antonio García Arias

Casimiro ÁLVAREZ/ Proaza

Mañana sábado día 11 de julio, a la 1 de la tarde, se celebra en la Colegiata de Teverga el funeral por José Antonio García Arias, que en su día no se pudo hacer por la pandemia que padecimos, y el obligado confinamiento que se impuso.
Cuando yo empecé a tratar a Pepe, él ya era ingeniero de Caminos, trabajaba en Madrid y allí vivía con su esposa, siempre adorable, Conchita. Era el hermano mayor de mi amigo César, y cuando éste nos presentó, me espetó con aquel gesto guasón, que aparentaba seriedad, un “de Proaza tenías que ser”, que me dejó un poco descolocado. Difícilmente podía yo imaginar en aquel momento, cuánto y cuán pronto, iba a sentir tanta admiración y agradecimiento por aquel tevergano en Madrid.
Ejerció en la capital de España de hermano mayor de César, y, como si yo fuera otro hermano adoptado, también mío. Durante los fines de semana hizo de Cicerone por todos los rincones interesantes de Madrid y su provincia, en compañía de su familia, Fórmula 1 en el Circuito del Jarama, carreras de caballos en el Hipódromo de la Zarzuela, el Escorial, restaurantes destacados, museos, etc. Siempre con todos los gastos a su costa y mientras nos infundía cultura, nobleza, que él rebosaba, diversión y entretenimiento sano.
Uno de sus coches, el de Conchita creo, estuvo siempre a nuestra disposición, y en su impresionante casa al lado de la Puerta del Sol, donde destacaba un enorme piano de cola que tan bien dominaba Conchita, dormíamos a menudo. Fui muy afortunado por contar en aquellos tiempos, con amigos así en Madrid. Sin olvidar a su hermana Merce o a su prima Tere, que de aquella estudiaban también en la capital de España. Pero Pepe y Conchita convirtieron aquella época para mí, en inolvidable.
Pepe fue un líder en todas las facetas de su vida, un triunfador en todo aquello a lo que se dedicó, pero a diferencia de la mayoría de la gente de éxito, él no necesitó nunca pisotear derechos o dignidades, a pesar de su marcado carácter, tan necesario en el mundo de la empresa; con un enorme poder analítico, y grandes dosis de trabajo y responsabilidad, nada se le puso nunca por delante. Serio en la faena, sensato en las decisiones, con gran sentido del humor y una nobleza fuera de lo común, se hizo acreedor del respeto, admiración y cariño de todos los que lo tratamos a lo largo de su vida. A mi siempre me recordó a su padre Manolo, tan querido y respetado en Teverga y toda la comarca.
Una vez jubilado, a parte de la dedicación a su familia, y a mil proyectos que le salían al paso, la mayoría para ayudar a familiares y amigos, encontró un gran entretenimiento en el golf, que se le daba muy bien, como todo lo que se proponía. Hasta que, cuando falleció su compañero de juego le hizo perder la ilusión por el Green.
Recuerdo con claridad la conversación que mantuvimos cuando nos vimos por última vez, ya hace tiempo; y la última referencia que tengo de él antes de que César me diera la triste noticia de su fallecimiento, el pasado 26 de marzo, fue de unos días antes, inmediatamente anterior a la declaración de alerta por Covid-19, cuando mi
esposa, Cova, me contó que lo había visto de lejos por una calle de Oviedo, con Conchita cariñosamente cogida de su brazo, en una entrañable imagen que además me resultó muy familiar.
Con Pepe perdemos todos quienes le conocimos a una persona cordial, buena e inteligente que, en los tiempos que corren, es demasiado perder por la imposibilidad de suplir a gente así. Y en mi caso la pérdida es doblemente triste, puesto que unos días después, en el mismo y aciago mes de marzo, perdí también a mi mejor amigo, Juan.
Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, queda un terreno baldío. Cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido.

Comentarios:
  1. Cruz Fresno Aladro dice:

    Fueron muchas las vivencias compartidas con un gran profesional, pero sobre todo, una bellísima persona.

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