Publicado el: 16 Jul 2020

La fuerza del río

Apuntes históricos sobre los aprovechamientos del Nalón a su paso por Udrión

Puente de Gubín y presa de El Furacón/ Toño Huerta

Por Toño HUERTA

Asociación por el Patrimonio Histórico Industrial de Trubia

En esta ocasión vamos a hablar de ríos, en concreto de los aprovechamientos del Nalón en la zona de Udrión. Asturias es una región de ríos cortos pero rápidos, de regímenes pluvionivales, es decir, con crecidas en otoño y primavera ocasionadas por las lluvias y el deshielo. En Trubia y su comarca bien sabemos de su bravura y, por desgracia, del respeto que siempre debemos tener cuando los utilizamos como zona de ocio. El cauce de Nalón está estrechamente ligado al proceso industrializador asturiano desde que a finales del siglo XVIII se plantease su canalización para sacar los carbones de Langreo por el puerto de San Esteban de Pravia, dando servicio por el camino a la que sería la fábrica de armas de Trubia. Pero la historia de su uso es mucho más antigua, como nos muestran los restos del puente de Gubín. Vinculado a un ramal del Camín Real de La Mesa que se desviaba hacia Oviedo, su origen parece ser romano, aunque el testimonio documental más antiguo es del año 1053. Sería el Abad de Teverga, junto con la Catedral de Oviedo, quienes promoviesen su reconstrucción en el año 1478. En un momento indeterminado del siglo XVI o XVII el puente es de nuevo arruinado y, aunque se barajó su reconstrucción en 1787, lo cierto es que nunca se llevaría a cabo, conservándose hoy en día, casi como si de un cuadro romántico se tratase, un arco apoyado sobre dos pilares y un tercer pilar. Aguas más arriba, en Udrión, el Nalón también fue una zona de paso a través de una barca –aún se conserva el topónimo de La Barquera–, incluso ahí se extrajo carbón de río, restos de mineral proveniente de los lavaderos de las minas de las cuenca hullera. Pero su verdadera transformación llegaría a mediados del siglo XX, cuando Hidroeléctrica del Cantábrico decide instalar una central para aprovechar las aguas del Nora y el Nalón. El conjunto lo forman dos embalses; el primero en construirse fue el conocido como El Furacón, en aguas del Nalón. Inaugurado en 1952, tiene una capacidad de 0,522 Hm 3 . Su nombre se debe al túnel de trasvase que se construyó para suministrar de agua al segundo embalse, el de Priañes, inaugurado un año más tarde y con capacidad para 1,910 Hm 3. Cuando en 1953 comienza a funcionar la Central Hidroeléctrica de Priañes, ésta contaría con dos generadores de 4,25 MW de potencia cada uno, instalando un tercero de 10 MW en 1967, año en el que además se recrecen las presas de Priañes y del Furacón. En la actualidad, la central cuenta con una turbina kaplan vertical y una potencia instalada de 18,5 Mw, lo que le da una capacidad de producción media anual de 60.000 MWh., con un caudal máximo de 120m 3 /s. Utilizados como medio de transporte o aprovechamiento energético, son sobre todo corredores medioambientales que debemos de proteger y cuidar por sus altos valores ecológicos, además que respetar los procesos fluviales mejora la seguridad de las poblaciones por las que pasa. Un ejemplo lo tenemos en la isla fluvial existente y que tanto se ha criticado por favorecer las inundaciones cuando, la realidad, es bien distinta y su función la contraria; junto con la vegetación y los bosques de ribera, las islas fluviales tienden a limitar los caudales del lecho principal del río favoreciendo que parte de la crecida ocupe la isla, rebajando de esta manera la peligrosidad y el riesgo de desbordamiento en las vegas, así como la reducción de la velocidad de las aguas, obviamente en circunstancias de dinámica fluvial normales, no en episodios excepcionales a modo de los ocurridos en los últimos años. Como en la película dirigida por Robert Redford, el río de la vida es nuestro nexo de unión.

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