Publicado el: 17 Jul 2020

La fosa de El Rellán, el sabor de las desapariciones

Plácido RODRÍGUEZ

«El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición». La primera vez que leí este verso de Gamoneda me ayudó a entender la alquimia de las palabras y la capacidad de la Poesía para aflorar sensaciones, al igual que afloran los restos cuando se desarropa la muerte y el olvido de su traje de tierra humedecida por la lluvia y el río por el que se desangró la fosa del Rellán durante décadas, al igual que afloran los esqueletos y lo que queda de un dolor profundo que el tiempo se encargó de erosionar a la par de quienes enmudecieron por el miedo y la resignación tras las ejecuciones.

Sucede en general que aflora la tristeza, cuando nos acordamos de los que ya no están. Y hay quien recomienda un cambio de actitud para sentirnos mejor con la pérdida, y quedarnos con aquello que aportaron a nuestra vida. Aunque debe de costar mucho trabajo cambiar esa actitud, sabiendo que esas personas que nos fueron cercanas  permanecen anónimas bajo la tierra.

Me pongo en el lugar de quienes perdieron hijos, hijas, padre, madre, hermanos, hermanas, esposa, marido, familiares, amigos, amigas, amantes…  Me pongo en su lugar y además de un sentimiento de pena, también siento rabia.

Es por eso que aquellos que asocian la apertura de las fosas con abrir heridas del pasado: o mienten con alevosía o confunden la Historia de lleno. Porque es todo lo contrario: es cerrar las heridas y expulsar de una vez por todas la rabia que aún permanece en el alma de España.

Y puestos a hablar del Alma. Hay quienes tienen la convicción de la Fe, de la Religión, de la creencia en otra vida después de la muerte, y suelen emplear oraciones, rituales, conjuros, para conmemorar el recuerdo de los muertos.

Como no proceso ninguna de esas creencias me permito utilizar la Poesía como herramienta de rescate que nos permita recobrar la memoria. Son la primera y la última estrofa de una conocida rima de Bécquer:

«Cerraron sus ojos, / que aún tenía abiertos; / taparon su cara / con un blanco lienzo, / y unos sollozando, / otros en silencio, / de la triste alcoba / todos se salieron.»
«¿Vuelve el polvo al polvo? / ¿Vuela el alma al cielo? /¿Todo es vil materia, /podredumbre y cieno? /¡No sé; pero hay algo /que explicar no puedo, /que al par nos infunde /repugnancia y duelo, / al dejar tan tristes, / tan solos los muertos! »

Al dejar tan tristes, tan solos los muertos! Así termina la rima, a la que me permito añadir la reflexión: y unos más que otros. Porque, si ya se quedan solos en un cementerio, tras haberles tapado la cara con un blanco lienzo, cuanto más solos se quedan tapándoles la cara con barro, hacinados en una trinchera que hace las veces de fosa común.

Hay otros versos de un poeta salvadoreño, Roque Dalton, que forman parte de un poema que se titula El Descanso del Guerrero  y que creo  sirven de referencia para todos los que murieron a causa de una guerra.

«Los muertos están cada día más indóciles. /Antes era fácil con ellos… / El cadáver firmaba en pos de la memoria:/iba de nuevo a filas/y marchaba al compás de nuestra vieja música./Pero qué va/los muertos/son otros desde entonces./Hoy se ponen irónicos/preguntan…»

No sé si es el momento de responder a sus preguntas, aunque sí de pedirles perdón, y también de sentir vergüenza por dejarlos enterrados todo este tiempo en el anonimato, en una fosa común. Y no se trata de argumentar sobre guerras fratricidas, se trata de cerrar de una vez las heridas con el respeto que merecen todos los muertos.

Comentarios:
  1. victor piñeiro saavedra dice:

    QUE SOLOS SE QUEDAN LOS MUERTOS.- (Gustavo Adolfo Becquer, Sevilla-1836-1870)
    …Ante aquel contraste De vida y misterios, de luz y tinieblas, medité un momento:¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!
    De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro.

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