Publicado el: 07 Sep 2020

De Trubia a grabar para Netflix

David Rodríguez, de Soto, y su socio Gonzalo González, hacen tomas con drones para el director Sergio G. Sánchez, que está rodando una serie

David Rodríguez (primero por la izquierda), junto a su socio mostrando uno de sus drones.

L. S. N./ Trubia

David Rodríguez, de Soto de Trubia, decidió montarse por su cuenta cuando acabó sus estudios de Informática. Así nació Dakmon, su empresa de servicios informáticos, arreglo de equipos y mantenimiento web. Persona inquieta, muy pronto se interesó por el mundo de la imagen, con el auge de las cámaras deportivas Go-Pro, y al poco tiempo dio el paso a los drones. Junto a un compañero especializado en Imagen, Gonzalo González, montaron en 2005 Dron Asturias. Cinco años más tarde están trabajando para una serie de Netflix, que está rodando el director asturiano Sergio G. Sánchez, para el que ya trabajaron en ‘El secreto de Marrowbone’, que se rodó en parte en Pravia, y en la Fábrica de Armas de La Vega. “Vamos con él y su equipo de producción y grabamos con los drones los tiros de cámara que quiere. de esa manera puede comprobar cómo quedan y abarata mucho los costes de la grabación definitiva”, señala David. Una de sus primeras experiencias como “piloto de cámara” para el cine fue con ‘El secreto de Marrowbone’ y, como buen trubieco, donde más disfrutó fue en la Fábrica de Armas de La Vega. “Fue increíble. Estábamos solos en el recinto, que es una maravilla”, recuerda David, que empezó haciendo trabajos audiovisuales con drones para la Sexta, y también para un documental sobre museos abandonados en Asturias. Su último trabajo en este área es para una serie de Netflix del director asturiano. “Se trata de que pueda comprobar si la idea que tiene planificada es viable y ver cómo da en cámara. Te puede pedir, por ejemplo, que grabes pasando el dron por un agujero en una roca. Es un trabajo complicado, el pilotaje en esas condiciones, garantizando además que la grabación queda bien, no es fácil”. Inicios Drones Asturias comenzó con dos aparatos, y ahora tiene cuatro, dos de última tecnología y dos más antiguos. “Para hacer las grabaciones hay que saber pilotar pero también saber lo que quiere él. Hay veces que es más fácil, ya que el aparato posiciona por GPS y lo puedes preprogramar, pero en una cueva, por ejemplo, un trabajo que nos pidió recientemente, tienes que ir a ciegas, no hay señal de GPS, es complicado”, señala David, que pone sus conocimientos técnicos mientras que su socio, Gonzalo, aporta los de realización de vídeo e imagen. Ambos tiene el carnet de piloto profesional de dron, que están autorizados a volar “siempre que sea de acuerdo a la legislación”, es decir, sin invadir zonas de seguridad como la del aeropuerto, o la del entorno del helipuerto del HUCA. “Cuando sacamos el carnet de piloto se hacían los cursos por Internet, aunque ahora creo que exigen horas de vuelo. Hay que estudiar bastante, aeronáutica, cartografía, y pasar un psicotécnico”. Cada equipo cuesta unos 2.000 euros, y deben ir además equipados con las cámaras, las baterías, etc.

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