Publicado el: 19 Sep 2020

El abandono del medio rural

José Manuel R. ANTOMIL

 [Desde la ría de Miranda]

Decían nuestros sabios políticos durante las pasadas campañas electorales que una de sus prioridades sería la puesta en valor del mundo rural. En éstas, llegó la pandemia y con ella el éxodo masivo de las ciudades a los pueblos, pero pronto comprobaron que vivir en los pueblos era bonito para desconectar una semana, pero no para vivir en ellos. Pese a la buena voluntad de los alcaldes de pequeños municipios, la iniciativa estatal y autonómica es mínima. El atraco de las compañías telefónicas, los bancos y los autobuses, es subliminal, de juzgado de guardia y sin embargo, los gobiernos no mueven ficha ante los brutales saqueos a los que son sometidos quienes un día decidieron hacer su vida en los pueblos que nos vieron nacer. La llegada del COVID ha puesto en evidencia los atracos de las mayores empresas de comunicación. Nos venden un Internet de 4 gigas y ya quisiéramos tener uno; conexión a Internet nula, cobertura de móvil nefasta, pero eso sí, puntualmente nos pasan un recibo de ciento y pico euros por habernos puesto un reuter, que no sirve para nada. Baste decir que a 35 km de Oviedo si quieres mandar o abrir un correo tienes que desplazarte a la villa más cercana. Pides explicaciones a las compañías y nadie te da respuestas. Llamas a la consejería de innovación y te dicen que no tienen competencias, y los ayuntamientos se quedan solos reivindicando buenas comunicaciones a Internet. Mientras, los ciudadanos seguimos pagando los recibos como tontos, sin que ningún organismo tome cartas en el asunto. Qué vamos a decir de las oficinas bancarias. Algunas han optado por cerrar en los pueblos pequeños, otras han restringido sus horarios y además nos obligan a operar con los cajeros, aunque muchos no sepamos y aunque sea para ingresos grandes. Para colmo, han sacado los cajeros a la calle, con el consiguiente peligro para los usuarios que pueden ser fácilmente robados o simplemente sufrir las inclemencias del tiempo. Ah, pero eso sí, no se olvidan de pasart las a todas luces injustas comisiones; entre tanto, el gobierno aconseja pagar con tarjeta, sin caer en la cuenta de que sin internet, los tpv, no funcionan y así las cosas, volvemos a la conclusión del punto anterior: reclamas aquí y allá y nadie tiene competencias. Que vamos a decir del transporte, esa empresa que tiene el monopolio del transporte de viajeros y que recibe suculentas subvenciones… Pués ha aprovechado la pandemia para recortar más aún los servicios en el mundo rural, reduciéndose prácticamente a nada. Si a eso añadimos que a raíz de la crisis la atención sanitaria ha desaparecido para todos los que no tenemos COVID pero sí penosas enfermedades. Este aprendiz de plumilla estaba haciendo pruebas sobre su enfermedad, creo que la última fue el 27 de febrero, pero aún me faltaba alguna. Pues bien, a día de hoy ni se me han hecho todas las pruebas ni se me han dado los resultados de las hechas. Como verán, estas son las ventajas de vivir en la aldea, esa aldea con la que se llenaban la boca nuestros políticos de todos los bandos. La España vaciada claro que tiene futuro y es una alternativa para el teletrabajo y para que los jóvenes vuelvan a poblar y a trabajar el campo, pero para ello ha de haber buenos gestores y no inoperantes observatorios, sobre todo si esos puestos los ocupan personas con encefalograma plano.

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