Publicado el: 29 Sep 2020

Lo que nos dice el pincel

 

‘Vista de Trubia’. Timoteo Pérez Rubio, 1929. Museo de Bellas de Artes de Asturias.

Por Toño HUERTA

Asociación por el Patrimonio Histórico Industrial de Trubia

A la hora de estudiar nuestra historia, las fuentes documentales son una herramienta imprescindible, bien sea a través de archivos documentales, cartografía o fotografía, sin olvidar los testimonios orales y aquella información que nos da el territorio. Pero también el arte aporta gran información y, en esta ocasión, os quiero hablar de un cuadro y un pintor. Comenzando por la persona, el protagonista es un extremeño llamado Timoteo Pérez Rubio. Al margen de su faceta artística querría destacar otra menos conocida pero importantísima en la historia del arte español. Nombrado subdirector del Museo de Arte Moderno de Madrid en 1931, cuando estalla la Guerra Civil, este artista sería el responsable de coordinar la evacuación de las obras del Museo del Prado para salvarlas de los bombardeos, labor que iniciaría en noviembre de 1936 y duraría hasta la toma de la capital española por parte de las tropas golpistas. Por el camino, en 1937 sería nombrado presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico Nacional. Por lo tanto a él se debe que hoy en día tengamos una de las más importantes pinacotecas del mundo. Decíamos al principio que los cuadros nos dan información sobre nuestro pasado, y esto es lo que ocurre con el que hoy representamos aquí, titulado Vista de Trubia y realizado por Timoteo Pérez en 1929. Además de su calidad artística, con una realización influenciada por el arte impresionista francés, la obra nos muestra una imagen de lo que era Trubia en ese momento. Se ve claramente que se refleja una población netamente industrial, con sus chimeneas expulsando humo de las empresas, en este caso la Fábrica de Armas; pero también destaca el paisaje, un valle encajado entre montañas donde el río Nalón es el protagonista, con el puente del Ferrocarril del Norte, construido en 1881 por la ingeniería francesa Compagnie de Fives-Lille, o las barcas varadas en su orilla, utilizadas para la extracción del denominado carbón de río, procedente de los lavaderos de las cuencas mineras. Pero quizás el elemento que más pueda extrañar a muchos es la presencia de una industria en el desaparecido pueblo de Nalón. Teniendo en cuenta que la Industrial Química del Nalón se instalaría en esta zona en 1943, ¿de qué se podría tratar? Hace años, inmerso en archivos de la empresa minera Hullasa, de Teverga, localicé un legajo con una información desconocida. En 1900 se crea en el vecino concejo la Sociedad Minas de Teverga con el fin de explotar el carbón de esa zona, siendo su principal accionista un tal Diego Somonte. El caso, y aquí viene el descubrimiento, es que este mismo señor constituiría en 1918, junto con otros socios, una empresa química con sede en Bilbao cuyo nombre sería Compañía Española de Destilación de Carbones, cuyas instalaciones estarían a orillas de Nalón en la localidad de Trubia, siendo su principal suministrador la ya mencionada Sociedad Minas de Teverga, donde acabaría integrada. Tras su paralización durante la guerra, sus instalaciones serían adquiridas por Química del Nalón para levantar su actual factoría. Lo realmente interesante y, en lo que a mí respecta, emocionante, fue que tras conocer esa industria química no tenía ninguna referencia gráfica hasta que un día, visitando el Museo de Bellas Artes de Asturias, conocí este cuadro y por primera vez pude ver esas instalaciones que solamente conocía por documentos escritos. Nuestra historia industrial está llena de quiebros, decepciones y sorpresas, como la vida misma, y eso lo que a los amantes de este campo nos engancha y encanta compartir y divulgar con el resto de personas.

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