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Los incendios arrasaron dos zonas de reproducción de osos

FAPAS repoblará con cerca de 4.000 madroños 65 hectáreas de monte público en Proaza

Monte en Caranga quemado. Foto de Txuma Abarzuza

Los incendios que arrasaron Asturias a finales del pasado mes de diciembre afectaron al menos a dos zonas de reproducción osera, y destruyeron un área de elevado valor biológico, poblada sobre todo por madroños, arbustos que en el concejo se conocen como «borrachileras» y que son un importante recurso alimenticio para los osos. Así lo ha detectado el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS), que intentará regenerar las formaciones de matorral destruidas, plantando entre 3.000 y 4.000 madroños en 65 hectáreas de monte de uso público en el concejo de Proaza, ubicado entre Caranga y Banduxu. El proyecto de recuperación, financiado por la consejería de Medio Rural, ya ha sido autorizado por el Pleno municipal de Proaza, titular de los terrenos afectados.

En total, según el proyecto de FAPAS, «el fuego arrasó un área de unas 120 hectáreas de superficie en montes de Proaza con alto valor biológico. La principal especie presente en el territorio es el oso pardo, en peligro de extinción. La acción del fuego afectó a dos áreas de reproducción así como a uno de las mejores formaciones de matorral con presencia mayoritaria de madroño, especie de especiales características ecológicas, tanto desde el punto de vista vegetal, como de productividad, ya que sus frutos forman parte de la dieta alimenticia del oso». Según las inspecciones del terrenos realizadas por FAPAS, el fuego consumió «la totalidad de la cobertura vegetal del suelo, exponiéndolo a los procesos de erosión consecuentes con la acción del fuego, generando un empobrecimiento general del monte». El proyecto destaca que el madroño, además de facilitar alimentos a la población osera, tiene capacidad para prosperar en suelos pobres, y fija el terreno, impidiendo su erosión, ya que «crea áreas de frenado de impacto de la lluvia de manera directa contra el suelo, aminorando la acción del agua en los procesos de erosión y pérdida de capa vegetal del suelo, dado que se trata de una planta con hoja perenne que amortigua la fuerza de la lluvia al caer primero sobre las hojas y posteriormente gotear estas de manera suave sobre el suelo». Además tiene un crecimiento rápido.

Los madroños, entre 3.000 y 4.000, se plantarán en zonas afectadas por los últimos, pero también en algunas vaguadas que perdieron la mata arbustiva a causa de incendios anteriores. Los ejemplares se plantarán «mediante ahoyado manual, realizando exclusivamente el hueco del cepellón de la planta para evitar remover la tierra y evitar la erosión». Además, se hará «un aporte de bono de liberación lenta en cada planta para facilitar nutrientes en el suelo, desfavorecido después del incendio», según el proyecto de FAPAS.

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