Queda impresionado por la orografía del concejo lo que, a su juicio, dejó en abandono la explotación minera: “La orografía del país es muy peculiar. Se trata de una cubeta alargada de Norte a Sur, tal como la cuenca misma, y sin más salida al flujo de las aguas que el valle de Teverga, desfiladero estrecho y salvaje que el río abrió en las calizas carboníferas y en formaciones geológicas más antiguas: sus paredes son abruptas y, en ocasiones incluso extraplomadas, constituyen un verdadero cañón. Esta situación explica el abandono en el cual ha permanecido el pequeño valle hullero hasta el presente. No se podía acceder a él más que por ciertas colladas de las cimas de las montañas y por un sendero que, siguiendo el desfiladero, era muy difícil recorrer a caballo hace algunos años.” Y aunque habla de que durante su viaje se inaugruó una carretera para coches “no es suficiente para poner en explotación las capas de hulla”. Informa de que desde hacía unos años estaba prevista la explotación y que hay varias concesiones agrupadas casi todas en una, la de los Sres Somonte y Cía.
Briart se muestra contento porque la climatología no les fue adversa durante su misión: “Las lluvias, mucho más abundantes en Asturias que en el resto de España, nos respetaron y en tres días de intensas cabalgadas pudimos concluir la parte principal de nuestra misión”.
Habla también de la necesidad de traer mineros si se quisiera emprender la explotación: “La cuenca de Teverga está desprovista totalmente de industria. En ella no hay trabajadores mineros. Habrá pues que atraerlos, sea construyendo residencias o algún tipo de colonias, lo que a juzgar por lo sucedido en Trubia y otros lugares no debería ser muy oneroso, sea organizando trenes obreros que los transportarían desde Trubia o desde otros puntos de la línea.”
Este es el plan del ingeniero belga:
“Casi todos los mineros se encargarán de la construcción del ferrocarril de la mina de Caranga, estos trabajos seguramente durarán dos años. El resto de los obreros estarán ocupados en los trabajos preparatorios en la misma mina. En total, sumarán casi la mitad del número de trabajadores necesarios para producir las 100.000 toneladas previstas”. Hace un estudio económico sobre los costes laborales en 1894 “Picadores: de 2,40 a 2,50. 2,45 ptas. de media. Ayudantes: de 2,00 a 2,20; Guajes y mujeres: de 1 a 1,40. Salario medio de 1,60 ptas.” Aunque no deja de advertir que el rendimiento útil de los asturianos “es inferior al de los belgas”. En cuanto a la calidad de los carbones dice que “su densidad es favorable para su explotación” con una proporción de 40% de cribado y el resto de carbón “fino”. En términos generales considera el ingeniero que se encuentran “ante una cuenca de gran riqueza en hulla especialmente adecuada para fabricar gas para alumbrado o para su combustión en hornos gasógenos y calderas de vapor.”
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