Por Fernando ROMERO
Cada vez se torna más frecuente la presencia de osos pardos en las proximidades de las poblaciones. En Proaza y en otros concejos de la comarca no son pocas las ocasiones en que los plantígrados se acercan a las casas a curiosear en busca de fruta madura. El oso es una especie protegida y ha estado al borde de la extinción. Ello generó normativas muy protectoras totalmente justificadas. Ahora la población de osos ha crecido y no es difícil que cualquiera que pasee por el monte pueda observarlo con unos buenos prismáticos. Los osos son un recurso turístico de primera magnitud para los concejos del Camín Real de la Mesa, una fuente de ingresos que hay que proteger, como se está viendo este verano. Sin embargo, de manera progresiva, se observa que la política de protección de la fauna salvaje tiene sus contrapartidas si no se establece una estrategia de control en los momentos en que esas poblaciones inicialmente críticas aumentan. Inevitablemente surgen conflictos que todos conocemos entre los intereses de los ganaderos y los de los empresarios turísticos y, lo que es más preocupante, se generan potenciales situaciones de riesgo para las personas. El fenómeno ya está estudiado. La Fundación Oso Pardo, nada sospechosa de ser enemiga del oso, lleva años pidiendo a las Administraciones que se establezcan protocolos de actuación frente al llamado “oso habituado o familiar”. El aumento de la población de los plantígrados en los últimos años ha favorecido que los más jóvenes empiecen a considerar como no peligroso al ser humano y toleren su presencia. Los expertos consideran que ese es el primer paso para que puedan llegar a ser peligrosos. La solución no es dejar de proteger al oso y mucho menos permitir batidas a los cazadores, lo cual sería una salvajada. Es mucho más fácil y ya se hace en otras partes del mundo en donde estos animales también están siendo un problema por su cercanía a los humanos. Se trata de medidas aplicadas por guardas con la formación debida que, con disparos de cartuchos de caucho, petardos y voces, consigan que los osos habituados se asusten de los humanos y les vuelvan a coger respeto. Aún estamos a tiempo de evitar accidentes, pero es el momento de actuar. Osos sí, pero en su sitio.
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