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La movida en Grao, el antes y el después

Por Xuan ALONSO

Dicen que la juventud es la mejor etapa de la vida, aquellos maravillosos años 90,  de pantalones  Lois, Levis, Buenaventura, camisetas Lacoste, chupas de cuero y botas camperas. Grao estaba petado de gente  los viernes, sábados y domingos, llegaban de todo Asturias para divertirse y ligar, no había dónde dejar el coche, las barras no daban abasto a servir cacharros a 150 pesetas, todos se peleaban por pagar, eran otros tiempos y el dinero tenía otro valor. En bares y pub como L’ablugo, Guirigay, BO2, Tragos, El Barullo, El Callejón, El Misterio, no cabía la gente, pedias algo y salías para afuera a relacionarte con los demás, cada pandilla tenía su sitio para quedar y ruta para pasar la noche. Aquella discoteca El Parque, te encontrabas gente de todas las edades,  música de todos los estilos y personajes como José Manuel (El Carretero Repolles) afilando la guadaña y segando mientras bailaba. Aquella pista donde ponían canciones lentas, para arrimarte a las chicas, ante la atenta mirada de la gente que estaba arriba.  Corría sangre por las venas, en aquellos fríos inviernos en mangas de camisa.  Todavía no me explico cómo podía caber tanta gente en el Maracaná, el  disc jockey nos rompía los oídos con el «bakalao», «dance», «house»,  «acid house», «techno»; movíamos el esqueleto como podíamos a veces haciendo el ridículo, todo valía, mientras un calor tremendo recorría tu cuerpo y te hacia sudar. Aquellas partidas de billar en la sala de juegos de Vidal, la bolera del Tragos, el futbolín del No Lo Sé, las patatas bravas del Quintana, los donuts de la panadería, aquel trajín de gente subiendo y bajando por las calles de un sitio para otro en bandadas daba otro estilo de vida a Grao.

Esto todo se fue apagando como una vela, 28 años después solo quedan buenos recuerdos. A día de hoy da pena que la juventud no tenga donde ir, los tiempos cambiaron, la culpa no sé si fue la crisis, las consolas, teléfonos móviles o una sociedad que no sabe divertirse. Se reúnen a hacer botellones y consumir drogas en escampados y parques, sin música ni luz, para dejar toda la basura por el suelo  y terminar algún que otro en el ambulatorio. Prefieren más entamar conversación por wasap desde casa, que salir a la calle, ya no se ven esas parejas de enamorados de la mano.  Un Grao muerto donde ningún día destaca de los demás, bares vacíos, calles sin gente y la pregunta es ¿dónde está la juventud? Hay que ir con los tiempos, nadie los puede cambiar, quié sabrá en el futuro como será la movida. ¡Que me quiten lo bailao!

 

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