El Ayuntamiento ovetense sólo dejaba encendidas las farolas que estaban junto a las casas, pero los caminos quedaban como boca de lobo. Las vecinas afectadas, como Rita Gómez, no s equedaron quietas y denunciaron la situación, ya que se reúnen todas las tardes en casa de otra residente, Nieves García, para tejer juntas. Medio kilómetro de distancia que tenían que hacer a oscuras. Ahora, pueden ir con toda seguridad. «Han encendido siete puntos de luz, ya no nos come el jabalí», bromea Rita Gómez.
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