Redacción/Trubia
La huelga de los autobuses urbanos entró ayer en una nueva fase, tras la ruptura del principio de acuerdo alcanzado la pasada semana con la mediación del alcalde, Wenceslao López. Los trabajadores protagonizaron una manifestación, que salió de la estación de Renfe hasta la plaza del Ayuntamiento, para culminar una jornada de servicios mínimos que se inició con algún autobús dañado por piedras, arrojadas por desconocidos. Uno de los autobuses afectados cubría la ruta L, a Trubia, estaba vacío aparcado en Entrepeñas (Tudela Veguín), en la otra cabecera de la línea.
Por su parte, el alcalde de Oviedo abrió la puerta a posibles sanciones a la empresa por las reducciones en el servicio. La implantación del alcoholímetro, para el que los trabajadores exigen un protocolo de actuación, es la principal discrepancia. Los paros continúan el día 2 de enero, con tres jornadas de huelga seguidas (2, 3 y 4 de enero).
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