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Frikis

Por Juan Carlos AVILÉS

[Nos tocó la china]

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define ‘friki’ como “extravagante, raro, excéntrico”, es decir, algo o alguien de rasgos o actitudes peculiares que se sale de lo habitual, lo normal, lo universalmente reconocible, y, lo que es bastante peor, aceptable. En su lectura más extendida y coloquial (o sea, de andar por casa), un friki es aquel que va por la vida dando el cante, marcando la diferencia, llamando la atención. ¿Pero de quién? Del resto, de la inmensa mayoría, de los que hemos dedicado buena parte de nuestra existencia a pasar desapercibidos, a ceñirnos a lo establecido, a entrar por el aro. Sin embargo, dentro de cada uno de nosotros habita un friki agazapado en el anonimato, confinado en lo más oculto de nuestra personalidad, encadenado en el cuarto oscuro con la misma crueldad que se escondía a los hijos deformes o deficientes de las miradas malintencionadas y de la férrea censura social. Algo así como lo que sucede con nuestro bichito de marras: si no se ve, no existe. Pero estar, está.

Sin embargo, y salvando algunos extremos sin sustancia, el frikismo tiene mucho de salvaguarda de nuestra personalidad, de nuestro ser uno mismo y no otro. Y, desde luego, es una respuesta de nuestro tiempo a la terquedad impositiva de lo establecido con los recursos que la rebeldía y la imaginación ponen a nuestro alcance. ¡Bien por los frikis!

El otro día me reencontré con un programa de la tele, reciente y felizmente recuperado, del que yo también soy un friki. Se llama Órbita Laika (en La 2, claro), un espacio que con las mismas dosis de humor e ingenio traduce para el gran público los grandes enigmas de la ciencia. En él colaboraba asiduamente un buen amigo y compañero de distintas aventuras periodísticas, Pepe Cervera, hasta que el innombrable se lo llevó por delante fuera de hora. Pepe era un friki en un magnífico equipo de frikis que ocupaban cada semana el plató. Pero también era un sabio inusual y un espléndido y cercano comunicador, además de una enorme persona y un gran bebedor de cerveza. Le conocí hace muchos años en el diario Cinco Días, tras dejar a un lado su trabajo de biólogo en Atapuerca, junto a Arsuaga, y dedicarse al periodismo científico como divulgador y avezado investigador de algo entonces desconocido y que irrumpiría con enorme fuerza en nuestras vidas: internet. Así que, si queréis ponerle cara  ahí os dejo una de sus célebres conferencias: https://www.eitb.eus/es/divulgacion/naukas-bilbao/videos/detalle/3470430/video-naukas-bilbao-2015–pepe-cervera/ Pero, mientras tanto, mucho ojo con los frikis y tratemos de sacar del armario al que llevamos dentro. Puede que sean nuestra tabla de salvación. 

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