Por Casimiro ÁLVAREZ
Mientras contamos los muertos del Covid19 por decenas de miles, aunque la diferencia entre el recuento del gobierno y el del Instituto Nacional de Estadística es descomunal, mientras asistimos a la ruina económica y social de España, mientras sufrimos la mayor manipulación informativa de la historia, los políticos, tanto gobernantes como opositores, nos mantienen entretenidos con debates fútiles que no conducen a nada, para consolidarse en los ambicionados cargos que ostentan, y que tan pingües beneficios les reportan. Resumiendo, practican aquello que ya los dirigentes romanos conocían “Panem et circenses” “al pueblo pan y circo”. Hasta ahora nos entretenían y dividían, por aquello de divide y vencerás, enfrentando a los de izquierdas con los de derechas, como si con unos u otros, a nosotros, los españoles de a píe, nos fuera mejor; inconscientes todos de la triste realidad, gobierne quién gobierne siempre ocurre lo mismo, nosotros ponemos el dinero que los políticos dilapidan en las más peregrinas majaderías, y al mismo tiempo se enriquecen descaradamente. No hay más que ver lo que viene ocurriendo en los últimos 35 años; los gobiernos de Felipe González sumieron al país en un enorme pozo de corrupción, que hundió la economía y dejó 4.000.000 de parados; durante el periodo de Aznar si bien mejoró la situación económica y bajó el paro a 2.000.000 de personas, terminó con la mayor parte de sus ministros implicados en repugnantes casos de corrupción; Zapatero arruinó absolutamente el país dejando más de 5.000.000 de parados, además de los recortes en pensiones, salarios de funcionarios, parados de larga duración, etc; Rajoy incumplió todas sus promesas electorales, y aunque bajó el paro hasta los 3.000.000, los escándalos por corrupción fueron sonados; y con el charlatán que ocupa ahora la Moncloa, haciendo para ello todo lo contrario de lo que había anunciado, e integrando como vicepresidente al del moño, que decía que iba a acabar con la casta, pero que de inmediato se convirtió en lo que tanto criticaba, con escandalosas ostentaciones de los privilegios que goza, se están luciendo con una gestión aterradora del coronavirus, y con las tentaciones autoritarias que caracterizan a todas las dictaduras. Si hablamos de las autonomías, más de lo mismo; basta ver como ejemplo los saqueos producidos en Cataluña, Valencia, Baleares, Andalucía, Asturias, etc. Pero últimamente han sacado a colación el debate entre monarquía o república, que incluso los comunistas habían dado por zanjado cuando la transición y la Constitución del 78, aprovechando los desmanes del rey Juan Carlos, y que tanto la clase política como los periodistas que ahora se escandalizan, silenciaron durante años. Sin olvidar el golpe militar del 23F que él mismo propició, y Tejero frustró cuando descubrió la martingala que tenían preparada con la clase política de entonces, y que explica de manera cristalina el propio Tejero con una nota manuscrita: “quiero poner de relieve que fuimos al Congreso, los Guardias Civiles, a las órdenes del Rey, para que se impusiera un gobierno militar, pero que al ver que se convertía la cosa en una traicionesca borbonada para meter a marxistas en un Gobierno del que no se me dijo nada, no lo aceptamos” (dispongo de una copia de la nota, por si algún incrédulo la cuestiona), y que igualmente enmascararon todos, convirtiendo al promotor del golpe en salvador de la democracia. En pocas palabras, semejante braguetero impresentable no tiene defensa posible. Pero si como alternativa derivamos hacia la república, encontraremos más de lo mismo. España ya pasó en dos ocasiones diferentes por ese sistema político, y en las dos el resultado fue funesto. La Primera República se caracterizó por una gran inestabilidad política, numerosos conflictos armados y pronunciamientos militares, que terminaron en menos de dos años con la vuelta a la Monarquía. La Segunda República tampoco le fue a la zaga. Durante los cinco años que duró se caracterizó por reformas y contrarreformas, en función de la opción política que gobernaba, levantamientos sociales como la insurrección del 34 en Asturias, o en Cataluña, duramente reprimidas, asesinatos con intencionalidad política, violencia en las calles, y gran inestabilidad económica y política, que terminó con otro levantamiento militar protagonizado por los generales Sanjurjo y Mola, que terminaron cediendo el mando al general Franco, héroe de la guerra de África que con 33 años se había convertido en el general más joven de Europa, y que dio paso a la Guerra Civil y una dictadura de casi 40 años. El problema pués, no es el régimen de Gobierno que tengamos, sino las prerrogativas que se han autoasignado los políticos, llámense presidente de la república, rey, presidente de gobierno, ministros, diputados, senadores, etc. que gozan de sueldos escandalosos, privilegios inconfesables, injustificadas pensiones vitalicias, coches oficiales, aforamientos, inmunidades, viajes gratis, dietas, regalos, y así un interminable etcétera. No sólo deberían ser igual al resto de los españoles, sino ejemplares, y que las penas de sus delitos fueran directamente proporcionales al grado de responsabilidad que les otorga su cargo. Por el contrario, son pura bazofia. Si cortamos de raíz este saqueo cualquier sistema vale, pero todos los políticos de los últimos 35 años, incluido el Emérito y la mayor parte de su familia, tendrían que estar entre rejas. A cambio lo españoles disfrutaríamos de una extraordinaria estabilidad económica.

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