[El Mirador]
Durante la pandemia todo el mundo les quería mucho, eran los campesinos y ganaderos que traían el pan a la mesa, que no permitían que las baldas de los supermercados se quedaran vacías, y que seguían al pie del cañón cuando todo el resto se había visto obligado a parar. No se les llegó a aplaudir por las ventanas, pero muchos de ellos se sintieron socialmente valorados por primera vez en sus vidas. Pasado el miedo a lo desconocido que llevó a algunos a acaparar papel higiénico, vuelven a ser los paletos matalobos y chupasubvenciones de toda la vida. De lo dicho, de aquel pacto ciudad-campo que pareció prometer la pandemia, no queda nada: precios por los suelos, intermediarios que aplican mano de hierro y materias primas disparadas llevan a las familias ganaderas al límite del cierre. Habría que recordar en las ciudades que a una mala, del Black Friday no se come.
La empresa alega que no se le podía exigir estar de alta del IAE porque…
La cita ganadera, que debía celebrarse los días 4, 5 y 6 de septiembre, se…
La empresa de productos asturianos busca trabajadores para su planta de La Espina Imagen promocional…
El Consistorio asegura que las etapas 18 y 19 del Camino Natural de la Cordillera…
La candidatura exhibirá su proyecto en la FIDMA para reforzar la carrera hacia 2031 Redacción/…