Santiago MENÉNDEZ
¿Qué les pasa a los ganaderos asturianos? Empezaron a palos con el Gobierno en la sede de Presidencia del Principado de Asturias y siguen a palos entre ellos, se han enfrentado en la manifestación convocada por Alma Rural en Madrid y siguen prolongando dicho enfrentamiento en
las redes sociales, con recrudecimiento de hostilidades incluido.
A mi juicio, como campesino asturiano, la raíz de los problemas que han llevado al sector al nivel de movilización y crispación que observamos, están lejos, muy lejos, de los argumentos que se esgrimen en las hostilidades que describo. Los problemas son los de siempre; las explotaciones agrarias familiares (que son la inmensa mayoría de las asturianas) no son rentables, no pueden sobrevivir en un mundo regido por las normas del libre mercado, en definitiva, por el capitalismo, por la ley del más fuerte, por la ley de la sacrosanta competitividad.
A la imposibilidad del actual sistema socio-económico que describo para dar una opción de supervivencia a las caserías, a las explotaciones agrarias familiares, se une la absoluta falta de implicación de las administraciones públicas; empezando desde el más alto nivel, la Unión Europea, al más cercano, los ayuntamientos. Todo ello aderezado con las inefables inoperancia e incompetencia del sindicalismo agrario asturiano.
Los campesinos asturianos que apostamos por el futuro de nuestro modo de vida, por nuestros pueblos, nuestros animales…en definitiva, por nuestra cultura, no tenemos más opción que diseñar nuestra propia corriente de acción, nuestras propias organizaciones. Y esto solamente lo podremos articular desde una filosofía y su consecuente praxis sindical, basada en la horizontalidad, en la toma de decisiones desde la base, y con un ideario claramente posicionado frente a la política neoliberal.
El neoliberalismo, el libre mercado, es el responsable directo de la ruina que padecen los campesinos, por ello, los campesinos deben organizarse y luchar para escapar de su opresor. Deben esforzarse por crear movimientos sociales basados en la autogestión y el apoyo mutuo. Y es condición inexcusable para alcanzar este objetivo, divorciarse definitivamente de los actuales gobiernos, de sus instituciones y de los sindicatos agrarios decimonónicos que, acaparando los recursos de la Cámara Agraria del Principado de Asturias, llevan 20 años apagando las voces de sus afiliados, desarticulando su capacidad de movilización y negociando supuestas reformas que solamente hacen más y más profundo el barranco por el que se precipitan sus “supuestos” representados.
Habrá que dar palos, y muchos, a diestra y siniestra, porque el campo es una fuente de recursos más importante de lo que nos cuentan, singularmente opuesta a la humildad de quienes extraen esos recursos; los campesinos. Habrá que dar palos a quienes venden a los campesinos en los despachos, a los sindicaleros de salón, a quienes intentan sacar réditos privados de las movilizaciones agrarias, habrá que dar palos a quienes no entienden nada y lanzan mensajes contradictorios de forma irresponsable. Porque el palo, la vara, la guillada, la cachaba o cualquier nombre que le demos al objeto que nos sirva para guiar el rebaño a buen lugar, está en nuestra mano. Es tan sencillo como quitarnos los complejos, organizarnos y luchar…

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