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Lucía Álvarez Marrón, enfermera en Ucrania: “La población vive en sótanos, sin electricidad, es duro”

“Atendemos sobre todo a heridos de metralla, y trabajamos con el sonido constante de las bombas”

La somedana Lucía Álvarez Marrón, en Ucrania

Manuel Galán/ Somiedo

Lucía Álvarez Marrón (Pola de Somiedo, 1989) es enfermera y desde hace unos años se dedica en cuerpo y alma a las emergencias y ayuda humanitaria en misiones de Médicos Sin Fronteras. Desde hace unos meses desarrolla su trabajo en Ucrania, en Donetsk, muy cerca del frente de batalla.

-¿Desde cuándo trabaja en acción humanitaria y emergencias?

-Mi primera experiencia fue en los campamentos saharauis en Tindouf. Después en Sao Tomé y Príncipe y en un hospital pediátrico de Luang Prabang en Laos. Tras completar mis estudios de enfermería con varios masters y cursos relacionados con la acción humanitaria, la salud pública y la medicina tropical tenía claro que el siguiente paso era trabajar para una organización como MSF. Y así fue como a principios de este año realicé mi primera misión en Haití.

-Conciliar la vida laboral en Europa con el trabajo humanitario tiene que ser difícil.

-Conseguir un balance entre el trabajo en el terreno y una vida estable en mi país quizá sea uno de los mayores retos. Sobre todo, porque muchas veces el choque cultural de volver a casa puede ser más fuerte que el de irte a cualquier otro país. Después de ver las realidades de otras partes del mundo volver a nuestros problemas cotidianos del primer mundo se puede hacer un poco cuesta arriba. En mi caso, en el tema laboral tengo suerte porque cuando no trabajo para MSF soy autónoma en Reino Unido eligiendo el momento y la duración de mis contratos, con flexibilidad.

-Y desde hace unos meses trabajas en Ucrania.

-Prestamos apoyo al hospital local de Kostyantynivka, en Donetsk. Este hospital es el centro sanitario más cercano al frente de batalla en esta región. Nuestros pacientes vienen de las ciudades vecinas, Bakhmut y Torestsk, en primera línea de fuego y donde los ataques son tan duros y constantes que la población vive sin electricidad y refugiados en los sótanos, pero que a su vez se han convertido en símbolos de la resistencia ucraniana tras meses de frenar el avance ruso. La vida en esta ciudad está llena de contrastes, por un lado, las viviendas abandonadas, las ventanas tapiadas y los negocios cerrados ofrecen una estampa de pueblo fantasma. Pero por otro lado aún se pueden ver a los niños jugando en los parques, a los vecinos paseando a sus mascotas.

-La cronificación de la guerra ha derivado a una falta de interés por Ucrania entre la población española.

-Esto pasa con todos los conflictos, cada vez se sienten más como algo lejano. Sin embargo, lo que está claro es que mientras todos seguimos con nuestras vidas este conflicto se ha cronificado y aunque muchos ucranianos han conseguido huir del país aun perdiéndolo todo, queda mucha gente expuesta a una terrible violencia y a un futuro más incierto que nunca ante la perspectiva de una guerra perpetua.

-¿Es posible atender los problemas de salud?

-La gran mayoría de nuestros pacientes son heridos por metralla tras los bombardeos. Esta metralla puede causar desde amputaciones de miembros, perforaciones de tórax, de abdomen o simplemente laceraciones con alto riesgo de infección si no son tratadas. Por otro lado, las enfermedades crónicas siguen presentes entre la población y en la mayoría de los casos completamente desatendidas. Esto se debe a la imposibilidad de continuar con la actividad médica en muchas partes del país.

-¿Se puede vivir con cierta normalidad en guerra?

-Vivimos con el sonido de los bombardeos de fondo. Estamos disponibles 24 horas los 7 días de la semana para acudir al hospital en caso necesario. Es un ritmo de vida muy intenso, ya que no sabes si vas a tener que acudir al hospital en medio de la noche ni cuántos pacientes van a llegar tras un incidente de este tipo, y también porque normalmente las historias de estos pacientes son realmente duras. Por suerte, el ambiente con el equipo de trabajo hace que todo sea un poco más llevadero e intentamos apoyarnos y trabajar unidos para intentar mejorar un poco la situación de las personas que de manera tan injusta están sufriendo las consecuencias de esta guerra.

-¿Cómo hacéis desde Médicos Sin Fronteras para reforzar el sistema sanitario?

-En zonas aisladas como esta los hospitales tienen bastantes carencias. Además del tren medicalizado que ha evacuado a una gran cantidad de personas de este a oeste del país, entre las medidas tomadas por MSF para reforzar la estructura sanitaria de la zona ha sido crear una red de ambulancias que permite evacuar a las personas que necesiten asistencia sanitaria en las zonas más peligrosas o aisladas por el conflicto. En el caso de nuestro hospital, la organización ha abierto una sala de urgencias y una UCI de 2 camas ya que el hospital carecía de estos servicios y servimos de apoyo al personal local del departamento de cirugía trabajando con ellos en los casos más complicados y ofreciendo mejora de infraestructuras y equipo. Para mí, trabajar directamente con el personal nacional está siendo una de las mejores partes, somos solo tres expatriados en el proyecto y el resto es gente de diferentes partes del país, además del personal local de Kostyantynivka.

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