[EL MIRADOR]
Fernando Romero
Agosto fue el mes de las vacaciones para muchos asturianos. Esta circunstancia nos predispuso a disminuir nuestro ritmo como una manera natural de supervivencia frente a la colonización de nuestras vidas en un mundo que exprime hasta la última gota de nuestro sudor en aras de la sacrosanta productividad. Agosto nos devolvió la soberanía del tiempo, nos situó frente al cosmos, las estrellas, el lento transcurrir de las horas, el sueño… Agosto nos invitó a quemar nuestras agendas, a dormir cuando teníamos sueño, a comer cuando teníamos hambre, a contemplar, a viajar y a conocer otros mundos, otras culturas, otras sociedades, otras maneras de ver el mundo… Y todo ello se puede hacer sin ir muy lejos, con un libro en la mano. La lectura es un bien escaso y muy preciado que nos permite volar e imaginar. No hay nada más revolucionario que abrir hoy un libro.
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