foto Amparo Soto
Beatriz Álvarez/ Quirós
Asturias tiene desde ayer un texu menos. El fuerte viento que se vivió esta noche en los concejos de la Cordillera Cantábrica acabó con el texu de Casares (teixo en quirosán), como advirtieron hoy los vecinos, consternados por la pérdida de su ejemplar, que como muchos de los ejemplares de este árbol legendario de Asturias, estaba junto a la iglesia del pueblo. El teixo de Casares, según el inventario de la Asociación de Amigos del Texu Asturiano, está junto a la iglesia, que data de 1714. El árbol «de tronco hueco, sobreviviendo a duras penas» tenía en el momento de la elaboración de su ficha «hoja escasa, de color apagado y textura blanda no da buena impresión, por no hablar del tronco relleno de piedras y restos de hormigón y bastantes ramas secas. Su cuerda es de 214centímetros». Finalmente, el árbol de Casares, uno de los 214 que estaban vivos en Asturias según el citado censo, no ha resistido más y ha caído.
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Qué bueno sería que los quirosanos, o al menos una parte de ellos, valoraran todas las riquezas que atesora su concejo, y no me refiero solo a las económicas, que también las hay, sino a las culturales, medioambientales, etc.
En otros rincones de nuestro país, da gusto ver como en los pueblos se estiman, y se defienden si es necesario, las tradiciones y los vestigios del pasado.
En Quirós ocurre lo contrario, se desprecia lo antiguo o lo que aparentemente no es productivo, y si se pierde da igual. A los hechos me remito: se perdió el teixo de Casares; se arruinó el castillo de Alba (que encima aparece en el escudo oficial del concejo, como símbolo del mismo); se abandonó totalmente la casona de Terrero...
Apostaría sin temor a equivocarme que si en algún momento se cayeran el teixo de Bermiego, o la iglesia de Arrojo, o la ermita de Alba, o cualquier otro monumento natural o histórico, a una amplia mayoría de la población local le daría exactamente lo mismo.
En la vida no solo hay billetes y monedas, hay otras cosas que también merece la pena apreciar.