Luis GARCÍA DONATE / Perlín
El próximo martes día veinticuatro de septiembre, Perlín está de enhorabuena. Pues entre los muchos dones que ha ido recibiendo en los últimos tiempos, puede ya contar con una recién restaurada escuela. Después de una larga espera, el edificio que en su día albergó a los escolapios del lugar abrirá sus puertas. El edificio será una sala polivalente para uso de los vecinos y vecinas.
Tratándose de Perlín, los más avispados ya sospecharán que no se trata de una escuela corriente y moliente. Nuestra propia y muy personal versión de la academia de Platón es uno de los puntos de interés de estos parajes. Según se dice, hay una crónica mucho más detallada sobre ella en algún libro que circula por ahí. Pero para no dejar intrigados a nuestros fieles lectores, intentaremos contar de la forma más amena posible todo lo que merece ser contado a propósito de tan vetusta y necesaria institución.
Empezaremos hablando de su emplazamiento. Siempre me ha gustado pensar, como vecino y soñador que soy, que el pueblo se hallaba enclavado entre seis colinas y media. Una suerte de copia mejorada de lo que fue la antigua Roma. Tomando tal supuesto como base, podríamos decir que la escuela se encuentra en una de de dichas cimas, señoreando junto con la capilla, lo que los vecinos llaman “La Veiga”. Es decir, la parte del pueblo que alberga lo que en su momento fueron tierras de cultivo. En una ocasión, pregunté a alguien que sabía, por qué la capilla estaba situada tan lejos del centro del pueblo, contrariamente a lo común en el ordenamiento urbanístico altomedieval. La respuesta fue, más o menos, que cuando algo así ocurría era porque el clero decidía edificar el nuevo templo sobre un lugar de culto pagano. Por eso, siempre he pensado que, al estar tan cerca la una de la otra, la escuela compartía algo de la magia antigua sepultada bajo la capilla. Pido al lector que sea indulgente con mi vena fantasiosa. De ese modo disfrutará más del artículo que tiene en sus capaces e instruidas manos.
Hablando de instrucción, no podemos ni debemos pasar por alto la función original del edificio que pretendemos homenajear. Esta fue, como incluso los más obtusos supondrán, la de acoger a los alumnos durante las lecciones. Cabe señalar, llegados a este punto, que el piso superior estaba destinado a servir como residencia de la señora maestra. Entre los que ostentaron tan insigne cargo se encuentran, hasta donde alcanzan las crónicas locales, la tatarabuela de el que suscribe. Y también su hijo, (mi bisabuelo) durante un corto periodo de suplencia por enfermedad. Pero sin duda, la maestra por excelencia en Perlín no es sino Doña Carmen de la Fuente. Si uno viene y pregunta a los vecinos quizá se haga con unas cuantas anécdotas de los días en los que ella enseñaba. Yo, por mi parte y valorando por encima de todo la discreción, dejo en manos de sus alumnos el deber de contarlas. Para mí, aquellos días de feliz inocencia y clases al aire libre, quedarán siempre en el dominio de la leyenda.
El edificio ha sido testigo de la vida de varias generaciones, educándolas y velando por ellas
A modo de conclusión (podría extenderme sin medida y no creo que nadie quiera eso) hablaré de la importancia de ciertos edificios como símbolos dentro de una comunidad. Todo el mundo conoce la Torre Eiffel de París o, siendo un poco más localistas, el acueducto de Segovia. Lo que estos dos puntos emblemáticos comparten es que, en cierto modo, han logrado trascender. Hace años, o incluso siglos, que dejaron atrás su función original para entrar a formar parte de la identidad misma de sus respectivas ciudades.«¡Ay, si las piedras hablaran!», dicen a veces. Pues bien, la fachada, las ventanas, la escalera y las puertas de la escuela no hablan, pero ven. Han sido testigos de la vida de varias generaciones, educándolas y velando por ellas. Por eso, en el momento en el que abra de nuevo sus puertas, estará abriendo también un nuevo capítulo, no solo en su vida útil, sino también en la del pueblo.
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Señor Donate, le agradezco enormemente la posibilidad abierta a los alumnos de doña Carmen de la Fuente de contar las anécdotas acerca de nuestra educación.
Más que aquellas enseñanzas al aire libre, lo que muchos de los antiguos alumnos recordamos cuando nos encontramos, es la obligación de tener que cagar al aire libre en el Prado de Janín, limpiándonos el culo con la primera fueya que tuviéramos a mano.
Cómo no vamos a recordar lo valioso que era para nuestra educación ese rezo diario del ángelus a las 12:00 del mediodía.
Qué decir de la prohibición de vestir pantalones entre el alumnado femenino.
La señora maestra no era más que una franquista, que nos intentó educar a todos en la captación hacia el régimen, beneficiando de entre el alumnado, a los que ella veía con más posibilidades de perpetuar el sistema.
Deduzco de sus palabras, que ese adoctrinamiento ha llegado hasta nuestros días a través de gente como usted.
Hubieses ido a Oviedo a los baños ecológicos, que tenian para ti... con ribete de oro y papel escandinavo de primeras hojas.... Al final gente echando por el suelo un trabajo de agradecimiento y mejora vecinal . Mejor recordabas , quién te enseñó a leer y escribir, y no quitar las moñigas como bien sabes.
Sin más un saludo.
Donate en menudos fregaos te metes.deja de alabar al personaje de Perlin ,que es un chulo y prepotente. También le aplaudes , si quieres que te enchufe como a otros , habla con el.