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La historia social del Casino de Trubia

El centro, lamentablemente hoy desaparecido, fue esencial en la forja de la personalidad del pueblo y durante años fue el eje de su vida social y cultural

El Casino, en una fotografía histórica, del archivo de Valentín Álvarez
Roberto Suárez Menéndez/
Trubia

Texto inspirado en el excelso trabajo de Juan José Fernández Fernández, aprendiz de la Fábrica de la promoción 1944- 1947 y natural de Pintoria, que puso en nuestras manos, a finales del siglo XX, un informe sociológico reservado sobre el Casino Obrero de Trubia. Hoy le damos visibilidad añadiendo aquellos conocimientos que años posteriores nos permiten enriquecerlo, aunque respetando la esencia del mismo. 

En abril de 1918, el coronel director de la Fábrica de Trubia se dirigía por oficio al Ayuntamiento de Oviedo solicitando autorización para construir en el barrio de Junigro y en terrenos propiedad de la Fábrica un edificio de planta baja y piso con destino a Círculo de Obreros y adosado a él otro de planta baja para mercado en sustitución del existente, que se demolería. Y así se mejorarían las condiciones de tránsito que habían desmerecido al construirse el Comedor y Casa de Baños por resultar muy angosto el paso entre la esquina con este edificio y el mercado existente. 

El edificio para Círculo de Obreros contendría biblioteca, teatro y salas de reunión. Tenía por objeto satisfacer la «necesidad sentida» en la población obrera, junto con las otras obras ya iniciadas. Los derechos de licencia que correspondía abonar ascendieron a 227,50 pts. más cinco ptas. por el Tributo Municipal y 4 ptas por el Timbre del Estado. Después de los informes favorables del arquitecto municipal y la Comisión de policía, el Ayuntamiento pleno en sesión ordinaria de 26 de abril de 1918 «acordó de entera conformidad en lo propuesto por el Sr. Arquitecto y la Comisión». 

El Casino Obrero de Trubia formó, con la Fábrica y la Escuela de Aprendices, el trípode sobre el que sustentó la gran integración social trubieca y cuyas características fundamentales eran: lugar de encuentro entre obreros y empleados sin distinción alguna, en un ambiente de camaradería y participación; lugar de coincidencia y de intercambio de pareceres de la juventud que terminaba los estudios de aprendiz y comenzaba a participar en la vida social dell pueblo. Era donde las familias y amistades encontraban un ambiente sosegado y acogedor para celebrar cualquier acontecimiento socio-familiar. Era el lugar donde los jóvenes acompañados de sus novias hacían casi la presentación «oficial» y donde los obreros y empleados «maduros» contaban las viejas historias de la Fábrica, lo que ayudaba a crear en la psique del joven «operario» un vínculo indestructible con la Fábrica y su entorno. No menos importante, el lugar donde los maestros de taller y Fábrica jugaban a las cartas en una misma mesa con los obreros y empleados, adelantándose a lo que posteriormente se denominó integración socio-laboral. Además, era donde se comentaban todas las cuestiones que afectaban a Trubia, tales como el Juvencia, el cine-teatro, las fiestas y la música, sin olvidar que allí se alternaban los juegos con la lectura en la biblioteca, donde los socios siempre dispusieron de comodidades y precios especiales. Si esto ha sido importante, no lo fue menos que en el Casino los jóvenes aprendían comportamiento-urbanidad y también ética, tanto para tratar con los mayores como para saber desenvolverse en sociedad, en otras palabras, donde se aprendían modales y conductas y donde los empleados de las oficinas pasaban la hora y media de descanso de su jornada laboral partida. 

En definitiva, el Casino era la segunda casa para todos los vecinos-socios; el lugar de reunión diaria y de fin de semana para los obreros y empleados de Junigro y de las localidades cercanas; el ágora donde se desarrollaban tertulias, discusiones deportivas, se celebraban campeonatos e incluso surgían amores. 

De la tradición oral de nuestros mayores —me vienen a la memoria figuras tan importantes como Antonio González Busto o Antonín «el de Carola»—, de las anécdotas que recordaban, todos coincidían en destacar la gran importancia que el Casino Obrero tenía como lugar de encuentro social-cultural de Trubia y de los pueblos limítrofes, pues a diario se hablaba y se discutía entre los diferentes grupos —que sin ser peñas oficiales— se trataban los temas de: caza, tiro al pichón, tiro al plato, pesca, fútbol, ciclismo, cine y teatro. En definitiva, un “ente” que ayudó a mejorar la educación y la cultura del pueblo. 

Y todo esto, ¿por qué sucedía? 

Muy fácil de explicar, porque era el lugar apropiado para planificar alrededor de una mesa «tomando un café» los actos de la vida social trubieca. 

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que los fichajes del Juvencia se decidían en el Casino, que las fiestas, bailes y demás actos sociales se organizaban desde el mismo lugar. 

Siempre se han destacado de las condiciones de los trabajadores de la Fábrica de Trubia, ponderando en toda España la mesura en el diálogo, la educación en el comportamiento, el saber trabajar en equipo y hasta su elevado nivel cultural del que queda gratamente sorprendido uno de los muchos corresponsales que acompañó en 1877 la visita real de Alfonso XII, le llamaba la atención en su visita al Liceo, que servía de recreo a los trabajadores y en cuyo salón de lectura existían periódicos de todos los matices, representados por La Época, La Iberia, El Imparcial, El Solfeo, La Ilustración Española y La Correspondencia de España. Escribía que «no hay duda que con semejante lectura los obreros se ilustrarán con total perfección». 

Pues bien, aparte de lo vivido en la Fábrica, y de la experiencia profesional, ese ánimo conciliador-integrador del trubieco y de los vecinos de los pueblos limítrofes era una consecuencia del ambiente del Casino. 

En definitiva, en los años ochenta y noventa del siglo pasado el pueblo de Trubia ha visto cómo se reducía, por imperativos tecnológicos, la plantilla de obreros y sus emolumentos y se cerraba la Escuela de Aprendices; tampoco ayudó el hecho de que las comunicaciones con la capital fuesen cada vez más fluidas y, como consecuencia de todo ello, llegaría el cierre del Casino Obrero. 

Lugar por excelencia donde se encontraba el patrimonio cultural de una sociedad laboriosa, en el que confluían las historias, alegrías y vicisitudes de un pueblo, le daba la categoría social ante cualquier acontecimiento. Desde luego, era el lugar de reposo y disfrute de los jubilados de la Fábrica y donde las viudas y amas de casa podían reunirse adecuadamente. 

El coronel-director Luis Hernando Espinosa, fundador del Círculo de Obreros de Trubia —siempre conocido como Casino de Trubia y en sus últimos años, por exigencias de la nueva legislación nacional, Casino Centro-Recreativo y Cultural—, pensó en su día, entre otras cosas, que poner a disposición de los obreros y empleados un lugar de disfrute, sosiego y de integración social, donde pudieran participar del descanso y de las relaciones los días de asueto y, al mismo tiempo, tener un trabajador y empleado en la biblioteca y sala de prensa. Un lugar de prestigio que redundaba en la buena marcha de la fábrica y su masa social que nunca debimos permitir que lo que fue creado con visión cultural se perdiese por falta de unión y decisión de los Socios, Amigos y Simpatizantes. 

A quien redacta este artículo, en su condición de secretario y tesorero del Casino de la directiva de Diego Menéndez Verdín le correspondió elaborar el documento de compra del mismo, lo que fue aprobado por la Junta Directiva —conformada por Antonio Fernández, Álvaro Cuervo, Alfredo, María del Carmen y Miguel Ángel— y se elevó a una Asamblea Extraordinaria en la que fue rechazado. 

El lema que un gran visionario, Juan José, nos dejó a todos es que, “Sin Casino, Trubia pierde su espíritu social”.

Redacción

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  • Qué maravilla de historia, gracias por compartirla. Tantas cosas tiene que decir esa Fábrica, pena que poco se pueda hacer antes de que se pierda en la memoria.

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