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Sidra sin alcohol y grandonismo

Fernando Romero

Trabanco ha sacado una nueva sidra natural sin alcohol de excelente calidad. Salvo que no coloca, apenas hay diferencias de sabor respecto a la alcohólica. Bien tirada mantiene las propiedades de un culín alcohólico: burbujeante, con sabor a manzana, frescor, equilibrio entre el sabor dulce y amargo…. Para los abstemios o simplemente para aquellas personas (cada vez más) que tienen que conducir pero le apetece refrescarse con una sidra en verano, es la gran solución. Les confieso que toda mi vida fui sidrero y que desde que decidí por voluntad propia ser abstemio lo que más echaba de menos era la sidra. Por eso este nuevo producto (y que conste que este artículo no está patrocinado) para mí ha sido una buena noticia.

¿Cuál es el problema? La sidra sin alcohol empieza a verse tímidamente en algunos supermercados asturianos, pero (salvo en la propia sidrería Trabanco de Gijón) los establecimientos hosteleros y sidrerías no solo no la tienen ni la esperan, sino que además hasta les parece mal que se les pida. Si lo haces te miran como si hubieras insultado al chigrero. La razón hay que buscarla en la cultura del grandonismo astur. Las contestaciones son variopintas, desde «la sidra tien que dar un puntín, si no no ye sidra» hasta respuestas más de la cultura homofóbica del cuñadismo ibérico «mariconadas». Esta reacción demuestra ignorancia, intolerancia, inflexibilidad y sobre todo falta de inteligencia y escasa capacidad para los negocios.

La cerveza 0.0, por ejemplo, ha triunfado en España. Somos el país europeo que más produce y consume y, la verdad, que los fabricantes se han esmerado y han ido sofisticando su sabor y hay auténticas maravillas que apenas se diferencian de las alcohólicas. Están en todos los bares y restaurantes, hasta en los de los pueblos más remotos. Cada vez, afortunadamente, la juventud bebe menos, o necesita cuando sale con el coche no ingerir nada de alcohol para conducir con seguridad. Por eso digo que es poco inteligente, porque el sidrero grandonista pierde mercado y clientela o bien, si no la pierde, al menos deja de ganar nuevos clientes. Desprovecha sin duda aquello que los cursis llaman «un nuevo nicho de mercado».

Vender sidra sin alcohol no va en detrimento de la esencia asturiana porque lo que de verdad es nuestro es el proceso de fabricación, la materia prima, la manera de servirse y escanciarse… no el etanol que contiene. Por el contrario, disponer de sidra sin alcohol promueve el consumo saludable e inteligente de aquellos que queremos disfrutar de nuestros productos autóctonos sin por ello tener que intoxicarnos con etanol.

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