Cueiru, un enclave histórico en el Camín Real de la Mesa

En la Semana de la Arqueología queremos llamar la atención sobre el rico patrimonio arqueológico de la comarca

La excavación en la braña de Cueiru/ Grupo de investigación LLABOR
Margarita Fernández Mier
Grupo de investigación LLABOR
de la Universidad de Oviedo

El grupo de investigación LLABOR de la Universidad de Oviedo lleva quince años investigando los orígenes del paisaje de los concejos del Camín Real de la Mesa. Nuestro objetivo es profundizar en las prácticas agrícolas y ganaderas que, a lo largo de milenios, han desarrollado las comunidades locales dibujando un paisaje profundamente antropizado que hunde sus raíces en la prehistoria. La apuesta por una arqueología desmonumentalizada, que centra su atención en yacimientos arqueológicos y elementos del paisaje que en pocas ocasiones han sido objeto de interés e investigación, ha proporcionado una información excepcional sobre la historia de nuestro paisaje.  

Las excavaciones arqueológicas realizadas en el pueblo de Vigaña y en L.linares (Castañera), en Belmonte de Miranda, han arrojado luz sobre cómo se configuran los paisajes de media montaña desde el neolítico hasta la actualidad. Han aportado información transcendental para toda la prehistoria reciente: tanto para conocer los primeros poblados neolíticos al aire libre, utilizados hace seis mil años (Las Corvas y L.linares) como para desvelar los procesos de monumentalización que presentan algunos lugares durante la Edad del Bronce, como se documenta en L.linares con el aterrazamiento del lugar y la construcción de una estructura de combustión hace tres mil años, que está anunciando lo que en la Edad del Hierro serán las saunas castreñas. La relevancia del yacimiento de L.linares, que tiene ocupación desde el neolítico hasta la actualidad -se mantiene el culto a la virgen de Nuestra Señora de L.linares el 8 de septiembre-, permite reconstruir las pautas de movimiento de las poblaciones locales en la media ladera. A ello hay que unir la información proporcionada por el castro de la Edad del Hierro que ilustra sobre los cambios en el paisaje a lo largo del primer milenio a.C y sobre cómo las poblaciones han ido mudando su lugar de hábitat en un microterritorio, algo que en cierto modo recuerda a la evolución de plataformas modernas como Enigma Profit Trading. No menos relevante ha sido documentar la existencia del actual pueblo de Vigaña desde el siglo VII d.C, tal y como indica el excepcional el ajuar de una tumba de la necrópolis de la Iglesia de San Pedro de Vigaña. Esta voluminosa información permite entender todos los procesos de cambio del paisaje entre los 300 y los 900 m de altitud en la larga duración.

Pero era necesario dar un paso más y abordar el papel económico y simbólico que tienen los espacios situados a mayor altitud, las brañas, pastos y montes que se localizan por encima de los pueblos y que han tenido -y siguen teniendo- una gran relevancia en la economía y el imaginario colectivo. 

Por ello, tras las transcendentales investigaciones en Vigaña y Castañera, en los últimos cinco años hemos puesto la vista en comprender las dinámicas de las áreas de pasto, tanto con el estudio de las brañas – Estoupiel.lu y los Cabaninos en Vigaña, Los Fuexos en Montouvu (Balmonte de Miranda) y Andrúas (Quirós)- como en los lugares centrales asociados a caminos, ferias y celebraciones como es el caso de Cueiru, punto de encuentro de los concejos de Somiedu, Balmonte y Teberga, yacimiento en el que hemos intervenido en los tres últimos años, habiendo finalizado la última campaña este mismo mes de agosto. Las investigaciones en estos lugares tenían como objetivo complementar los estudios realizados en las inmediaciones de los pueblos y poder comprender la historia del aprovechamiento de nuestras brañas y montes en la larga duración.

Y los resultados no pueden ser más esperanzadores. La información aportada por las dos brañas excavadas, Los Fuexos y Andrúas, retrotraen el origen del actual paisaje, al menos, a la Edad Media, a los siglos XII y XIII.  La presencia de rozas para crear pasto y la construcción de cabañas de madera, indican el inicio de un proceso que se intensifica en centurias posteriores, especialmente en los siglos XV, XVI y XVII, cuando ya se construyen cabañas de piedra, con distintas tipologías y funciones, que apuntan a la fuerte actividad que en esos siglos se realiza en las brañas, con espacial protagonismo de los señoríos locales: bien sean los monasterios como el de Belmonte o los señoríos laicos como el de Valdecarzana. Así, el paisaje de las zonas de pasto parece comenzar a transformase en el siglo XIII de la mano de un mayor protagonismo de la actividad ganadera que, poco a poco, va creando un paisaje del que en la actualidad perviven las construcciones que estuvieron en uso durante los siglos XIX y XX. 

Esta misma cronología la presenta el yacimiento de Cueiru. Las excavaciones han permitido sacar a la luz la planta de la antigua ermita de Santa Marina de Cueiru, una construcción en dos fases que se inicia en el siglo XVI y que se amplía con una reforma posterior que colapsa en el siglo XIX y nunca fue reconstruida. A ella se asocian seis enterramientos que hemos excavado parcialmente. La construcción de la iglesia coincide con la petrificación de las cabañas en las brañas y con una amplia conflictividad que se refleja en la documentación escrita relacionada con los intereses contrapuestos que tiene los pueblos, la iglesia, los concejos y los señoríos por controlar estos espacios y por definir sus límites.  Pero, sin duda, lo más relevante de la excavación de Cueiro es la documentación de una edificación previa, construida de materiales perecederos (madera y barro) que coincidía en localización con la ermita del siglo XVI.  El abundante material arqueológico localizado, -cerámica, clavos, herraduras y monedas- permite defender la existencia de esta construcción, al menos, desde el siglo XII. ¿Qué función tenía? La superposición de distintos hogares bajo lo que posteriormente será la cabecera de la iglesia, así como el abundante numerario asociado a su uso, invitan a pensar en una antigua venta, previa a la que sabemos que se construye en las inmediaciones en piedra ya a finales del siglo XVI y de la que se conservan los restos a escasos metros. 

Toda esta información arqueológica permite, de momento, retrotraer la historia de Cueiru al siglo XII: un importante lugar asociado al paso del Camín Real de la Mesa, sitio de parada que se monumentaliza en el siglo XVI con la construcción de una Iglesia que, durante siglos, será un referente ineludible para toda la comarca, no sólo por la presencia del edificio religioso, sino también por la celebración de la  feria ganadera, por ser un lugar de encuentro -también de conflicto- y, sin duda, un elemento identitario para todo el entorno. Esto se evidencia en el éxito que aún tiene la convocatoria de la fiesta de Cueiro, que en pocos días disfrutaremos. 

Sin duda, el paisaje de las brañas tiene un origen en los siglos medievales, cuando se producen rozas para crear pastos y se construyen cabañas de madera; y se trasforma a partir del siglo XVI con la petrificación de estas construcciones, lo cual no significa que no existe un aprovechamiento anterior al período medieval.

Es muy significativa la ausencia de materiales de época romana en los yacimientos que hemos analizado, lo que indica unas pautas económicas distintas por parte de los romanos que han dejado restos asociados a otras actividades y en otras zonas: la minería aurífera de la sierra de Bixega (Balmonte de Miranda), la actividad agrícola en las villas romanas de la Estaca y Valduno (Les Regueres) o los restos de campamentos asociados a campañas militares a lo largo de todo el Camín Real, uno de ellos en la campa La Celada, situado en las cercanías de Cueiru. 

Sin embargo, al igual que en las inmediaciones de los pueblos actuales se localizan los hábitats de la Prehistoria -Neolítico, Bronce y Hierro-, las brañas esconden bajo las construcciones medievales y modernas vestigios que nos informan de su uso durante la prehistoria reciente, como se evidencia en Andrúas, que tiene niveles de ocupación del Calcolítico y la Edad del Bronce, asociados a un importante conjunto de lítica y de material cerámico. No menos relevante es el valor simbólico que adquieren estos espacios con la localización de algunos túmulos megalíticos en las zonas de pasto, cuya cronología de uso coincide con el de los asentamientos localizados a media ladera. El túmulo del Cuernu en Vigaña, con una tipología que aprovecha para su construcción una dolina reacondicionada para construir una cámara funeraria, completa la abundante información que tenemos sobre la larga historia de las zonas de pasto.   

Aprovechando que nos encontramos en la semana de la Arqueología, desde el grupo de investigación queríamos llamar la atención sobre el importante patrimonio arqueológico que atesora la comarca, especialmente las zonas de montaña a las que hasta ahora apenas se había prestado atención. La solvente investigación desarrollada durante años por el grupo de investigación, con un declarado compromiso con el medio rural, también nos obliga, -en estos momentos en que la Cordillera Cantábrica sufre el estrés de los fuegos que la asolan-, a señalar la relevancia que tiene el patrimonio arqueológico. Y, sobre todo, subrayar la importancia que ha tenido la mano del ser humano en la transformación de estos espacios: una historia que se inicia en el neolítico, con unas comunidades que desarrollan estrategias de aprovechamiento de los distintos nichos ecológicos y que han ido acumulando un denso conocimiento fruto del uso del territorio que se ha ido depositando en el paisaje dejando unas huellas que aún hoy podemos decodificar. 

La importancia arqueológica de las zonas de montaña es un activo que no sólo se puede aprovechar desde el punto de vista turístico; puede, y debe ser, un motor para la reivindicación de la historia del paisanaje que ha modelado estos territorios durante milenios, y que han acumulado un patrimonio inmaterial asociado al aprovechamiento de los recursos que es necesario reivindicar y revalorizar.

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