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La conjura de los necios contra Concha Heres

Javier F. Granda

Muchas veces me pregunto cuál habrá sido el pecado de Concha Heres para que sus bienes hayan sido fatalmente arruinados y destruidos. Me refiero aquí a sus casas de Oviedo y Grao, así como al panteón en el cementerio moscón que se encuentra en un estado deplorable. Concha Heres nació en Belmonte en 1864 y allí pasó su niñez hasta que se trasladó a Grao con sus tías maternas Nicasia y Juana Palacio. Su padre había nacido en Villanueva de Miranda y se instaló en Grao donde conoció a la que sería su mujer, Luisa Palacio y Rodríguez San Pedro, con quien tuvo cinco hijos, siendo Concepción la menor. Dª Concha se casó por poderes el 11 de octubre de 1883 con Manuel Valle Fernández Secades, acaudalado industrial indiano, fundador de la marca de tabaco La Flor de Cuba. Ese mismo año Dª Concha parte hacia La Habana con su hermano Casimiro y se instala en una casa propiedad de su marido, donde radicaba la sede de la secretaría del Centro Asturiano que él presidía. En palabras de Concha Heres, “donó las escuelas de San Tirso de Candamo y el lavadero cubierto y aunque residíamos en La Habana, realizábamos frecuentes viajes a los Estados Unidos, España y París (…). A mí, los habaneros, que son gente muy galante, y que saben piropear con elegancia, me llamaban la Perla de las Antillas”. Cuando su esposo enferma regresan a España, no sin previamente donar la Quinta de Salud de La Habana en 1896. Su esposo fallece en París, el 21 de noviembre de 1896. Dª Concha compra una casa solariega en Grao, a la que se retiró en compañía de su madre. A principios de siglo XX traslada su residencia a Oviedo y contrae nuevo matrimonio con el abogado Luis Menéndez de Luarca y Secades. El matrimonio vive temporadas en Oviedo y Madrid, donde definitivamente se instalan. Con la Segunda República se separó de su segundo marido y mantiene su residencia en la capital de España. Desde allí respondería así a la pregunta sobre si no pensaba en algún momento regresar a Asturias: “De momento, no. Estoy muy achacosa. Volveré cuando me muera, que los muertos no sienten las incomodidades de los viajes. Tengo un panteón muy bonito en Grado, obra del arquitecto Anselmo Arenillas, con una estatua del prestigioso escultor Juan Cristóbal. Allí espero reposar hasta que me despierten las trompetas del valle de Josafat.” Fallece el  2 de junio de 1943 a la edad de 79 años y se le da sepultura en su panteón de Grao junto a su primer marido.

Todas las informaciones sobre la vida de Concha Heres destacan su filantropía, persona que se distingue por el amor a sus semejantes y por realizar obras en beneficio de la comunidad para mejorar la sociedad, entre otras las donaciones hechas en La Habana para la atención a emigrantes en la Quinta de Salud, la financiación en Oviedo del Pabellón «Manuel Valle» de los sanatorios del Centro Asturiano en El Naranco, la fundación de las Escuelas de El Bosque en Oviedo para niños pobres, pero hay más. Concha Heres tenía casa en Grao, el chalet, que ocupaba buena parte de la manzana donde luego se edificó el cine Rada, entre las actuales calle La Magdalena (antes Concha Heres) y Marqueses de Vega de Anzo. Esta construcción y su solar se delinean en el plano-croquis de Grado, realizado por Nazario L. de Olavarría, inserto en el libro Grado y su concejo. Historia de una comarca asturiana, de Álvaro Fernández de Miranda (1907). De este edificio conozco tan solo una fotografía y se hace necesario consultar el archivo histórico de Grao para saber si existe expediente de derribo y ver lo que en él se contiene. El derribo de este edificio fue una fatalidad, sin duda, como lo es el de tantos otros en la villa de Grao, entre los que cabe destacar el del Casino. En Oviedo se derribó, no sin polémica, el palacete en la calle Toreno, en 1978, que había sido construido por el indiano Anselmo González del Valle y era conocido como la quinta o chalet de Concha Heres, edificando en su lugar el Banco de España.

Su última morada en el cementerio de Grao, fue construida en 1923, y hoy se encuentra en un lamentable estado de abandono, aunque parece que el Consistorio pretende llevar a cabo obras de restauración. La carga interior de pareces, molduras y enlucidos ha colapsado en la mayoría de los lienzos, las tumbas están en pésimo estado, y la enorme lámpara de bronce que colgaba en el centro de la cúpula del panteón se desplomó y, según dicen, ha sido robada.

¿Alguien se ha empeñado en perpetrar una Damnatio memoriae a Concha Heres eliminando todo rastro de su existencia?

En fin, todo muy lamentable, muy propio, muy nuestro…

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