Vanessa F. Cuerdo / Trubia
Ana Ordiz lleva reutilizando ropa desde antes de que esta decisión dependiese de ella. Lejos de elevar protestas al respecto, recuerda esperar con ilusión las prendas “de mayores” que heredaba de niña y que su madre le llevaba a casa. Para ella era lo normal. “Un poco menos de gracia me hacía lo de heredar ropa de mi hermano porque enlazaba unos cuantos años con el mismo look, ya que mi madre nos vestía igual”, recuerda entre risas. Y las buenas costumbres no cambian con los años: “En mi veintena y mi treintena me dediqué a la aviación, la cual fue siempre mi pasión. Los aviones, los aeropuertos, los viajes… y a cada país que iba, visitaba siempre tiendas vintage y empecé a coleccionar vestidos. De Japón, de Singapur, de Australia, Canadá y EEUU, y por supuesto de Europa también”. De ahí a fundar su propia marca de ropa vintage tras echar raíces, había un paso. Y la ha bautizado Andolina Vintage en honor a ese bagaje que tanto le ha enseñado y a esas raíces asturianas que ama de forma tan especial. Busca tesoros todos los días, la cuestión es que ella sí sabe encontrarlos. “Tras mucho ensayo-error, investigación e incontables estropicios, aprendí a tratar cada material como es debido y es increíblemente satisfactorio ver el resultado”, me cuenta mientras acaricia una antigua chaqueta con un mimo y una delicadeza que evidencian su devoción por lo que hace. Enseguida uno se da cuenta de que es imposible que este proyecto salga sino bien cuando la convicción y el amor por él son de tal calibre.
Andolina estará en febrero en el Club Ley Seca, presentando una colección cápsula muy especial, que a su vez le servirá como soporte para dar una charla en la que hablará de tipos de tejidos y forma de conservarlos, sostenibilidad, conciencia de consumo y aprovechamiento de artículos de calidad, entre otros temas. “La mejor manera de tener un armario sostenible es invertir en prendas de calidad y fibras naturales. No solo por durabilidad, sino porque transpiran mejor, se higienizan más fácilmente, abrigan más cuando hace frío y refrescan cuando hace calor. En general, a día de hoy, los artículos vintage, en relación calidad-precio, son la mejor opción. Lamentablemente, cuando desechamos prendas no siempre acaban en manos de gente que las necesita, sino que acaban exportándose a otros países como desecho textil, con la excusa de ser reutilizadas, y no es así”.
Dicha colección estrena una muestra de carácter permanente, pero dinámico, que variará según lo haga la temática del espacio a lo largo del año y se podrá visitar con cita previa en Casa Fernández (antigua Casa Fuente). Corren tiempos en los que cobra cada vez más importancia el conocer estos secretos casi olvidados en el tiempo, o acabarán perdiéndose para siempre. Además, no podemos olvidar la máxima de esta emprendedora: “Si ya duró veinte años, seguramente dure unos cuantos más”.
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