Redacción/ Grau
San Adriano del Monte es un caso peculiar de pueblo deshabitado y a la vez lleno de vida. Sus vecinos, las familias que tienen en él sus raíces, no renuncian a su pueblo y cada año celebran una sonada fiesta. También tienen su junta vecinal, que este fin de semana celebró su primera reunión de este año. En ella se hizo balance de los resultados de la fiesta y se analizó una de sus principales luchas, la reparación de la pista de acceso.
La junta vecinal celebró una comida de hermandad en El Bailache, en Grau, y disfrutó de la más joven del pueblo, Miranda, «de casi 6 meses, nombrada hija adoptiva del pueblo durante las pasadas fiestas. No nació en el pueblo, pero poco le faltó, pues durante las obras que se hicieron en verano estuvo su madre (secretaria de la asociación) allí un día antes de ponerse de parto», señala una de las vecinas, Noelia.
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