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José Manuel Martínez Argüelles, in memoriam

Javier F. Granda

Desde la Casa de Cultura de Salas, en lo que antes, en edad escolar era mi colegio, el Colegio Público de Chamberí en Salas, veo desfilar los chavales que suben y bajan del instituto camino de sus casas a la hora de comer. Hasta aquí me llegan los ecos de aquellos recreos donde el griterío de los críos era sinónimo de actividad frenética, de vitalidad que se desbordaba hacia el vecindario. De todo aquel griterío participó Josito, nuestro amigo José Manuel Martínez Argüelles, y participó de forma enérgica, como participaría de muchas más vivencias comunes entre todos los que le conocimos desde niño. Ayer falleció en el HUCA a la edad de 54 años. Somos de la quinta de 1971 que tiene cosas extraordinarias, pero también nos hace ver que cruzamos una línea peligrosa, a medida que dejamos atrás ese hilo invisible del medio siglo. No quiere decir que la desgracia no se haya cebado antes con muchos de nosotros, pero en lo que a salud se refiere, la parca empieza a hacer estragos. Siento un dolor profundo por la pérdida de un amigo con el que compartí tantas cosas en los primeros veinte años de nuestras vidas. Josito fue siempre un precursor, un inconformista, y por ello no dejó de abrir caminos en ámbitos tan particulares y propios a los adolescentes como la indumentaria o la música. Con él descubrí muchos grupos musicales que escuchábamos hasta la saciedad en su casa, donde sus padres nos daban libertad para apurar el volumen del radio cassette o del tocadiscos. Leímos cosas extrañas, viajamos a no se sabe qué lugares queriendo descubrir otras dimensiones y empujar las puertas de la percepción todo lo posible. Recuerdo la imagen que hace algún tiempo se compartió en el chat de ex alumnos del Instituto Arzobispo Valdés donde aparecemos con nuestra profe de Latín en una terraza de Benalmádena y ahí estábamos desafiando la gravedad. Josito se largó a estudiar a Grao porque el instituto de Salas no le gustaba, se fue a Londres una temporada cuando nadie lo hacía, y volvió con mil cosas en la cabeza, creó una banda, se fue a Vigo porque necesitaba descubrir otro mundo un poco más lejos y se puso a trabajar. Más tarde se casaría y formaría una familia. Le dio tiempo a concentrar muchas vidas en una y quiero pensar que las ha disfrutado todas al máximo. Hoy mis pensamientos son para sus padres, sus hijas y su esposa que vivirán una pérdida irreparable. Querido Jose, que la tierra te sea leve. Vete transformando el lugar al que te diriges. Te recordaremos siempre, amigo. 

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