Regentaba La Pulpería Casa Gallega de Entrago desde hacía años y era una persona muy querida y conocida en la comarca

Redacción / Grau
María del Pilar Tuñón Rodríguez, uno de los referentes de la hostelería y la gastronomía tevergana, ha fallecido tras una enfermedad. Deja un vacío importante, pues era una persona muy querida y conocida en los valles y en toda la comarca. Venía gente de toda Asturias y otras comunidades a comer su excelente pulpo a feira o sus callos y otros manjares que preparaba con exquisito gusto. Desde el equipo de La Voz del Trubia expresamos nuestro sentir a su familia.
Adiós a una grande de la hostelería tevergana
Por Beatriz ÁLVAREZ
Hoy despedimos con el corazón encogido, a una trabajadora incansable que pasó sus últimos años al pie del cañón en su pequeña cocina de la Pulpería Casa Gallega, en Entrago (Teverga).
Aunque no sólo trabajó en la hostelería, esta sin duda era su pasión. Disfrutaba como nadie dando de comer a cuantos por su negocio pasaban, sacando sitio de donde no lo tenía, y tiempo de donde no lo había. Acompañada de sus hijos trajo a los Valles del Trubia un trocito de Galicia, a través de su gastronomía, convirtiéndose en referente del pulpo en la comarca. Experta elaboradora de callos que para los amantes de este plato, estaban espectaculares, como bien decía ella: “pequeñinos, picantinos y pegajososinos”
Buena anfitriona siempre, hizo que en ocasiones fuera difícil encontrar mesa libre entre su colección de brujas, otra de sus pasiones. Pero nunca fue perezosa en dar una comida a deshora. Habiendo materia prima, se ponía a los fogones sin dudar para que nadie se fuera con hambre de Teverga. En días de feria, no se sabía cuándo se pasaba de dar los desayunos a dar comidas, o de dar comidas a dar cenas, porque su cocina no paraba de funcionar. Demostró que la hostelería no tenía secretos para ella, porque nunca tuvo miedo a los cambios y le gustaba innovar, y si algo no funcionaba se cambiaba y listo. Aunque pocas veces tuvo que rectificar.
Con una fortaleza innata, amiga de sus amigos, siempre preocupada por los suyos y ayudando a quien lo necesitara, tuvo que luchar estos últimos meses y lo hizo como lo que era, una auténtica jabata sin miedo a nada. Y aunque perdió esta batalla, no perdió la guerra porque deja en todos los que la conocieron un recuerdo imborrable y una pena por su pérdida que costará superar.
Hasta siempre Pili
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