Redación/ Grau
Las primeras cerezas silvestres ya han madurado en las zonas más bajas del valle central de Asturias y, como ocurre cada primavera, los osos pardos han comenzado a acercarse a las inmediaciones de Oviedo en busca de este alimento clave tras el invierno, según informa el Fondo para la Protección de la Naturaleza Asturiana (FAPAS).
A apenas 200 metros de altitud, las praderías próximas a la capital asturiana aparecen rodeadas de bosques de hoja caducifolia que conforman un paisaje de gran riqueza ambiental y biodiversidad. Un entorno rural que, pese a su cercanía con la ciudad, mantiene todavía una notable naturalidad.
Con la llegada del final de mayo, se repite un comportamiento habitual entre los osos que habitan la cordillera: el desplazamiento hacia zonas bajas para alimentarse de las primeras frutas de temporada. La presencia de estos animales queda evidenciada por los daños observados en algunos cerezos jóvenes.
“Solo el oso es capaz de romper los cerezos de esta manera”, señalan desde FAPAS, donde explican que los árboles dañados son la prueba más evidente del paso de los plantígrados por pequeñas áreas donde los cerezos silvestres crecen espontáneamente en los bordes forestales cercanos a las praderías.
Las cerezas silvestres representan uno de los primeros aportes de fruta fresca tras el largo periodo invernal, motivo por el que los osos buscan estos recursos alimenticios con insistencia. Según los expertos, este conocimiento del territorio se transmite de generación en generación, ya que las hembras enseñan a sus crías los lugares donde encontrar alimento.
Desde hace décadas, los osos han ido recuperando territorios históricos del centro de Asturias después de haber estado al borde de la desaparición por la caza furtiva, las trampas y el uso de venenos.
El seguimiento que FAPAS realiza en el concejo de Oviedo con la colaboración del Ayuntamiento está permitiendo conocer en tiempo real la presencia y movimientos de los osos en estas áreas de baja montaña, en zonas como San Andrés de Trubia, ya en plenos Valles del río Trubia, territorio tradicionalmente osero, o en espacios como el Valle de Las Caldas.
Gracias a las cámaras instaladas en distintos puntos del territorio, los investigadores pueden comprobar cuándo llegan los animales, cuántos ejemplares visitan la zona y cuáles son sus comportamientos durante estas incursiones en busca de alimento.
Desde la organización conservacionista destacan que la presencia habitual del oso en las cercanías de Oviedo demuestra el elevado valor ambiental de estos espacios naturales, cuya conservación consideran prioritaria.
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