Beatriz Álvarez/ Quirós
La Casa de Cultura de Bárzana acogió este sábado las VIII Jornadas Culturales de Quirós, dedicadas en esta edición a los noventa años del inicio de la Guerra Civil. La cita reunió a investigadores y divulgadores que abordaron el conflicto desde distintas perspectivas, desde el contexto internacional que precedió a la contienda hasta sus consecuencias en el concejo durante la guerra y la inmediata posguerra en un intento de dar una visión “neutral y objetiva” como dijo en la presentación Alva Rodríguez, directora del Museo Etnográfico de Quirós y coordinadora de las mismas junto a Roberto Fernández Osorio, cronista oficial del concejo.
La jornada que fue presentada por la Teniente de Alcalde, Claudina Suárez y conducida en distintos momentos por el cronista oficial de Quirós, Roberto Fernández Osorio, planteó un recorrido que combinó la historia general con la experiencia de quienes vivieron aquellos acontecimientos en el territorio a partir de la exhaustiva recogida de testimonios orales. El programa se completó con una exposición del Frente del Nalón vinculada a la recreación y divulgación histórica del periodo.
La primera intervención corrió a cargo de Xaime Fernández Menéndez, que situó la Guerra Civil española dentro del convulso escenario internacional de las primeras décadas del siglo XX. Bajo el título «La tragedia española», la conferencia partió de una imagen de la calle Uría de Oviedo durante el conflicto para recordar que las escenas de destrucción asociadas a la guerra no pertenecen únicamente al pasado.
Fernández Menéndez incidió en que la historia no constituye un proceso lineal y presentó las primeras décadas del siglo XX como un periodo marcado simultáneamente por la modernidad, los avances sociales y culturales y una profunda conflictividad política. En este contexto, algunos historiadores han planteado el concepto de «guerra civil europea» para referirse al periodo comprendido entre 1917 y 1945, caracterizado por la confrontación ideológica y el auge de los totalitarismos.
El crecimiento de las organizaciones obreras, las desigualdades sociales y la ausencia de mecanismos de previsión social convivieron con el temor de otros sectores de la sociedad ante la expansión del movimiento revolucionario. Esa polarización, resumida en la época en la contraposición entre «Roma o Moscú», favoreció el desarrollo de movimientos fascistas y de una progresiva militarización de la política.
España afrontó la llegada de la Segunda República en ese contexto internacional y social. La conflictividad política se manifestó desde los primeros años y tuvo uno de sus episodios más destacados en la revolución de 1934 en Asturias. La sucesión de enfrentamientos, asesinatos y conspiraciones desembocó finalmente en el golpe de Estado de julio de 1936. El fracaso parcial de la sublevación transformó el conflicto político en una guerra abierta, con la división del territorio, la creación de frentes y la intervención de las potencias extranjeras.
La intervención también abordó el papel de distintos colectivos durante la guerra, desde las milicias y las fuerzas de orden público hasta las mujeres, tanto en primera línea como en las labores de retaguardia. El conflicto, señaló el ponente, afectó a toda la sociedad y terminó por dividir al país en dos bloques.
Quirós antes y durante la guerra
La mirada se trasladó a continuación a la situación del concejo de Quirós de la mano de Alberto Álvarez Rodríguez, que dedicó su intervención a reconstruir el contexto quirosano en aquel tiempo. Comenzó por describir la situación anterior a la guerra, en un territorio de unos 6.000 habitantes en el que el sector primario tenía todavía un peso fundamental, con una orografía y vías de comunicación complicadas pero que había comenzado a experimentar importantes transformaciones desde el siglo XIX.
La minería y la pequeña industria habían atraído nueva población y habían contribuido a modificar la estructura social. Las carreteras, los caminos reales, el ferrocarril minero y los servicios de transporte conectaban el concejo con otros territorios, mientras proliferaban comercios y oficios. Ultramarinos, peluquerías, herrerías o almacenes de vinos formaban parte de una sociedad que, según mostró el historiador a través de documentación gráfica, avanzaba hacia nuevas formas de organización. También se extendían las asociaciones y las ideas políticas. La primera agrupación socialista del concejo, la construcción de escuelas o las mejoras relacionadas con el abastecimiento de agua son algunos ejemplos de las reivindicaciones de transformación que estaba experimentando Quirós.
La política, sin embargo, introdujo una creciente tensión. Álvarez Rodríguez recordó las consecuencias de la revolución de 1934, con numerosos detenidos y 24 personas procesadas en consejo de guerra. En aquel momento, una parte importante de la población quirosana se solidarizó con los procesados, incluso entre sectores políticamente alejados de ellos, pero solo dos años después, ese clima había cambiado.
El primer semestre de 1936 estuvo marcado por la conflictividad y la cuestión de los presos de la revolución. La crisis económica también golpeó al concejo, con alrededor de un millar de parados en el sector minero, pilar económico del concejo. Tras el inicio de la guerra se sucedieron diferentes organismos de gestión y comités, en un escenario de creciente fragmentación de la autoridad. La vida cotidiana quedó condicionada por las necesidades del frente. Había que garantizar el abastecimiento de la población y de los soldados, gestionar el ganado y las semillas y realizar requisas. Quirós adquirió además una importancia estratégica por su condición de territorio fronterizo y por las comunicaciones con la zona de Babia.
En este contexto se formó el Batallón 239, cuyos integrantes han podido ser estudiados a partir de diferentes documentos. Álvarez Rodríguez presentó datos sobre su edad, procedencia, profesión, experiencia militar, estado civil y afiliación declarada. Una parte importante carecía de experiencia militar previa y junto a ellos, mujeres, pocas, vinculadas al batallón en la documentación.
La caída del frente norte
Andrés Fernández Menéndez abordó posteriormente uno de los momentos decisivos del conflicto en Asturias: la caída del frente norte durante el otoño de 1937 y la progresiva descomposición del Ejército republicano.
Miembro del Frente del Nalón, Fernández Menéndez combinó la perspectiva investigadora con la divulgación histórica. La exposición que acompañaba las jornadas permitía además aproximarse a algunos de los materiales empleados en las recreaciones, como uniformes y cajas procedentes de fábricas de armas y explosivos.
El ponente explicó la evolución del frente norte durante 1937, cuando esta zona adquirió una importancia creciente en el desarrollo de la guerra. La caída del País Vasco debilitó la posición republicana y posteriormente Santander ofreció una resistencia menor. La rendición de fuerzas vascas en Santoña contribuyó a desestabilizar todavía más el frente, mientras Asturias trataba de obtener por mar ayuda y armamento de la zona republicana.
En Asturias, la resistencia tuvo algunos de sus episodios más conocidos en el entorno del Mazuco y la sierra del Cuera. Pero la situación militar se deterioraba progresivamente. Fernández Menéndez puso el foco en las deserciones, que se produjeron en distintos momentos de la guerra y adquirieron especial relevancia cuando comenzó la descomposición final del Ejército republicano. La caída del frente, explicó, no se produjo mediante una rendición general organizada, sino a través de un proceso de disolución progresiva. En ese contexto se llevaron a cabo batidas destinadas a localizar a los desertores, en un episodio que muestra también la presión ejercida para mantener la disciplina entre las tropas.
De la guerra a la huida
El recorrido terminó con la intervención de Roberto Fernández Osorio, cronista oficial de Quirós, que abordó la figura de los fugaos y el papel que desempeñaron quienes ayudaban al paso de la frontera durante la posguerra. Su aproximación incorporó un componente diferente y más cercano: la transmisión oral de la historia a través de su propia familia y de los testimonios conservados en el concejo.
Fernández Osorio recordó que considera héroes a quienes sobreviven a la guerra. Detrás de esa percepción aparecen historias de personas que tuvieron que decidir entre quedarse o intentar cruzar la frontera hacia Babia, en un territorio que conocían especialmente bien cazadores y ganaderos.
Los primeros desplazamientos pudieron realizarse en algunos casos con relativa facilidad. Con el paso del tiempo, sin embargo, atravesar la frontera se convirtió en una cuestión de supervivencia. Algunas personas ayudaron por solidaridad o por vínculos personales, mientras otras cobraron por facilitar los pasos. Su investigación puso el foco en nombres como los de Luciano, Varisto, Salvador Delgado y otras personas relacionadas con estas rutas.
La caída del frente tampoco significó el final inmediato de la violencia. Algunos hombres permanecieron en el monte a la espera de comprobar cómo evolucionaba la situación. En Quirós, Fernández Osorio repasó distintos episodios vinculados a los llamados «fugaos», especialmente en zonas como el Aramo, Güeria o la collada de Aciera.
Las historias transmitidas incluyen escondites, persecuciones y muertes, entre ellas las de dos mujeres asesinadas por su supuesta colaboración con los huidos, Rosa de Lavares y Esperancina de Villaxime. El último fugado del que se tiene referencia en la zona habría permanecido en el monte hasta 1949.
Las jornadas cerraron así un recorrido que comenzó en la convulsa Europa de las primeras décadas del siglo XX y terminó en los caminos, montes y aldeas de Quirós. Noventa años después del inicio de la Guerra Civil, las distintas intervenciones mostraron cómo un conflicto de dimensión internacional terminó penetrando en la vida cotidiana de un pequeño concejo, dejando una huella que se conserva tanto en los archivos como en la memoria transmitida entre generaciones. La memoria de los que quedaron en el monte, donde permanecen enterrados en palabras de Alvarez Rodríguez “la tierra que guarda la memoria de lo que pasó allí”. La jornada también fue un momento para reconocer a las víctimas que hubo de los dos lados y un momento para la reflexión al menos de los presentes de la importancia del respeto al que piensa diferente y más en estos tiempos que parecen, por momentos, reproducir aquel previo.
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