El antropólogo Adolfo García relata en un emotivo acto «la inteligencia» de este colectivo segregado, que pese a su marginación, tenían muchos recursos para poder subsistir

F. R. / Grau
La nueva Asociación de Vaqueiros de Alzada de Belmonte de Miranda celebró con éxito de público y mucho entusiasmo su primer acto público el pasado sábado, que contó con la presencia del antropólogo Adolfo García, quien explicó el peso de la tradición vaqueira en el concejo.
«Fue un acto muy emotivo con la presencia de Yeyo Canales, hijo de Aurelio García González, alcalde que fue de Belmonte de Miranda en los años 60. Lo más destacable de todo fue el ambiente cordial, de unión, de recuerdos hacía nuestras raíces vaqueiras.» explica Eva López, secretaria de la nueva asociación.
García destacó «la inteligencia» de este colectivo, con mucha presencia en los pueblos belmontinos de Modreiros, El Postigo, Santa Marina, Villaverde y Carriceo, entre otros. Se refiere a que, pese a ser un grupo segregado y marginado socialmente, siempre tuvo recursos para la supervivencia y fueron, ya en el siglo XVIII, los que inventaron el concepto de hipoteca, para poder hacerse con las tierras que llevaban de las casas señoriales pagando periódicamente.

Los vaqueiros belmontinos, acudían (y en algunos casos aún acuden) con su ganado a los puertos de L.lamera, L.lamardal, La Peral, Puerto Somiedo, y Perchunes. Pero no solo trashumaban, sino que también se dedicaban a la trajinería o hacían de arrieros con mulas por el territorio leonés, Laciana o Babia.
Los vaqueiros belmontinos no tenían buena relación con la iglesia y daban más credibilidad a sus ritos mágicos y espirituales. Su paganismo, heredero de los pobladores prerromanos, era otro de los motivos por los que se les denostaba y marginaba. En los pueblos había mujeres que «curaban» ganado y personas con curiosos rituales «mágicos». Todavía se puede ver en muchas iglesias asturianas la zona destinada (en la parte de atrás) a los vaqueiros, lo mismo que en los cementerios.
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