INICIAMOS CON ESTE PRIMER CAPÍTULO UN RELATO PARA TODOS LOS PÚBLICOS, AMBIENTADO EN NUESTROS VALLES Y MONTAÑAS Y QUE IREMOS PUBLICANDO POR ENTREGAS, AL ESTILO FOLLETINESCO DE OTROS TIEMPOS, CON TEXTOS ACOMPAÑADOS DE BELLAS ILUSTRACIONES DE LA MISMA AUTORA. UNA HISTORIA PARA DISFRUTAR EN FAMILIA CON LOS MÁS PEQUEÑOS DE LA CASA.
Por Celsa Bravo

Entre las altas Montañas Siempre Blancas y las altísimas Montañas Rascacielos había un valle muy verde sobre el que llovía casi todos los días del año.
Esto pasaba porque cuando las nubes que llegaban desde las Montañas Siempre Blancas se encontraban con las que venían de las Montañas Rascacielos se producía un choque de lo más ruidoso, el cielo se volvía negro y la lluvia comenzaba a caer durante varios días seguidos, acompañada a menudo por truenos y relámpagos.

Entonces, el agua clara del río que cruzaba el valle se volvía oscura y peligrosa, llena de remolinos y corrientes que arrastraban enormes troncos de árboles caídos. Las garzas que pescaban en las orillas se recogían, la nutria Vera dejaba de jugar en los saltos de agua y no se escuchaba a ningún pájaro cantar. Se decía que cuando llovía y ventaba así, solo los osos, los jabalíes y los lobos se atrevían a salir y corrían por los bosques de los alrededores sin preocupaciones.

En algún lugar de este precioso valle existía un pueblo llamado Las Mandrágoras. Era un lugar muy especial, lleno de antiguas mansiones, torres, palacios, fábricas y edificios increíbles. Algunas de estas maravillas aún se usaban y estaban habitadas, aunque la mayoría llevaban mucho tiempo abandonadas. Entonces la hiedra trepaba sobre los muros, los antiguos jardines crecían y tapaban las ventanas y a veces se caía alguna teja. Pasar frente a estas ruinas llamaba la atención de los visitantes, y era algo muy bonito de ver para algunos de los habitantes del pueblo, mientras que a otros sin embargo les resultaba aterrador, y a menudo comentaban que las ruinas eran una atracción y un escondite para brujas, duendes, cocos y toda clase de seres mágicos a los que les gustaba la oscuridad y hacer bromas pesadas a los vecinos del valle.
Investigando entre estas ruinas y jugando a detectives podemos encontrar a Nelina, una niña bajita que solía llevar gafas azules, y que es la protagonista de esta historia.
A Nelina le encantaban las ruinas y los días de tormenta, pues cuando su abuelo construyó la casa en la que vivía, había puesto en las ventanas un montón de trocitos de cristales de colores, de modo que cuando un relámpago los iluminaba, su luz pasaba a través de ellos y llenaba la habitación de tonos rojos, rosas, azules y violetas.

Cuando la tormenta ocurría de noche y todos en casa dormían, Nelina les daba las gracias en voz baja a los truenos que la despertaban, porque así abría los ojos y esperaba a que llegasen los relámpagos. Si la habitación estaba a oscuras, los colores se veían mucho mejor.

Pero había algo que fascinaba a Nelina incluso más que las ruinas antiguas y las tormentas. Su mayor ilusión era que llegase la hora de la tarde en la que salía de su casa para atravesar el Bosque Más Oscuro y visitar a la malvada bruja Aurelia.
Este bosque se encontraba junto a Las Mandrágoras. En él siempre hacía mucho frío y se escuchaban todo tipo de ruidos espantosos que asustarían a cualquier persona que se atreviera a cruzarlo.
Nelina tenía que caminar un buen rato entre árboles fantasmagóricos y avanzar por un camino lleno de piedras y barro para conseguir llegar a casa de la bruja.
Aurelia era una anciana hechicera que vivía al otro lado del bosque. Solía comportarse de una manera muy desagradable con sus vecinos los animales y con las personas que en raras ocasiones pasaban por allí. A ella le gustaba vivir sola con su lechuza Margotina y que nadie la fuera a molestar. Era especialmente intolerante y malvada con los niños, a los que consideraba los seres más irritantes y pesados que hubiera conocido jamás.
Os preguntaréis entonces por qué Nelina se ponía tan contenta cuando llegaba la hora de cruzar ese terrible bosque y visitar a esa terrible mujer. Pues esto se debía a que la niña estaba aprendiendo a ser una bruja de verdad, y eso era lo que más deseaba en el mundo.
¿Cómo os quedáis con la respuesta? Yo me quedé tremendamente sorprendida el día que Nela (que es la madre de Nelina) me lo contó:
“ Pues sí, Celsa, como lo oyes. La nena lleva diciendo desde que aprendió a hablar que ella de mayor quería ser bruja. Cada vez que le preguntamos qué regalo quiere para su cumple, ella siempre dice que lo que quiere es que la llevemos a clases de brujerías. Y claro, a Juanón y a mí nos parece una ocurrencia muy rara, pero la nena se hace mayor y sigue erre que erre…
Y mujer, como saca tan buenas notas en el cole, ayuda en casa todos los días y se porta tan bien… Pues tampoco le vamos a decir que no, no te parez?
Ella lo que quiere es aprender, y como dice Juanón: “El saber no ocupa lugar”… Así que nada, qué le vamos facer…”

Nela también me contó que había sido muy, muy, muy difícil encontrar a una bruja para enseñar a Nelina todos los secretos de la magia y de las artes ocultas. Ni la niña ni sus padres conocían a ninguna, pues se dice que las brujas suelen vivir apartadas de los pueblos y ciudades, o que se pasean entre nosotros hábilmente disfrazadas o que adoptan la forma de algún animal para que nadie las reconozca.
A mí todo esto que me empezó a explicar Nela me pareció interesantísimo, y creo que a vosotros también os podría gustar saberlo. Así que si os quedáis por aquí cerca…
OS VOY A CONTAR LA HISTORIA DE CÓMO NELINA Y AURELIA SE CONOCIERON, DE CÓMO LA NIÑA SE CONVIRTIÓ EN APRENDIZ DE BRUJA Y TODAS LAS COSAS ALUCINANTES QUE LE PASARON DESDE ENTONCES.
(Continuará)
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