
Bienvenidos de nuevo a este rincón en el que cada mes nos damos cita. Siempre es motivo de alegría encontrarse con veteranos y novatos a partes iguales. Espero que esta pequeña disertación os encuentre bien a todos, al fresco sería ideal. Si todos estáis donde debéis, empecemos. Creo que lo que hoy traigo, os gustará.
Tengo pensado construir este artículo entorno a un objeto. Un aparato ordinario para muchos pero que a ojos del que suscribe siempre fue muy especial Un ingenio que, dada su concreción, consiguió tener un lugar privilegiado en mi memoria. Un ventilador antiguo, con cuerpo dorado y aspas de madera tallada, en cuyo centro se podía ver un patrón a base de círculos bellamente labrados. Descrito de este modo, puede parecer algo sacado de una historia de época o de una relación de enseres pertenecientes a la realeza. Nada más lejos. Este entrañable electrodoméstico presidió durante muchos años el comedor de la abuela de vuestro escriba. Gracias a él, las cálidas mañanas de verano se hicieron más llevaderas. Un simple tirón del cordón metálico y se desataban los vientos. Es increíble, vista desde el tiempo de la barba y la adultez, la magia con la que los ojos de un niño llegan a contemplar el mundo.
Hasta aquí la reflexión de hoy. Vino a mí en una tarde de calor y nostalgia. Espero que llegue a vosotros mientras bebéis algo frío, cómodamente instalados junto a un ventilador. Hasta la próxima, sólo puedo daros las gracias, como siempre. Quedo a vuestro servicio.
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