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A los caballos que vienen los marcianos

Javier F. Granda

Siempre he creído que no estamos solos en el universo. A nuestro alcance tenemos información apasionante para confundirnos un poco más, si es que no lo estábamos. Por otro lado soy un defensor de la Ciencia y me quito el sombrero ante todos los logros del mundo científico, pero el que las pseudociencias hayan avanzado en nuestra época de forma exponencial, saliéndose de los márgenes de las hipótesis para afirmar rotundamente algunas teorías y documentarlas con múltiples ejemplos, no hace más que avivar el fuego sobre el interés y la motivación de temas apasionantes para la humanidad. Por ejemplo, tratar de respondernos si somos la única forma de vida inteligente en el universo. Según observaciones del Telescopio Espacial Hubble existen cerca de dos billones de galaxias y sería un despropósito pensar que solo la nuestra, la Vía Láctea, que contiene entre cien mil y cuatrocientos mil millones de estrellas, incluyendo nuestro Sistema Solar, ubicado en el Brazo de Orión, a unos 27.000 años luz del centro galáctico, puede ser el único lugar habitado en semejante inmensidad. En la Vía Láctea se ha confirmado la existencia de más de 3.200 estrellas con planetas (exoplanetas) orbitando. La pregunta es: ¿hay vida, aparte de la nuestra, dentro del sistema solar? ¿y más allá? Depende de lo que entendamos por vida y de nuestra capacidad de observación. Si indagamos en la hipótesis de los antiguos astronautas, también denominada hipótesis del paleocontacto, que viene a plantear que seres extraterrestres inteligentes han visitado nuestro planeta en el pasado remoto y hecho contacto con seres humanos desde tiempos prehistóricos, siendo responsables del desarrollo de la biología, la cultura y tecnología humanas, estaríamos ante lo que ha venido en denominarse creacionismo alienígena. Si esto fuese así y seres procedentes de otros lugares del universo hubiesen tenido algo que ver en nuestra evolución, como se ha dicho que fueron los responsables de introducir una variable genética en el homo sapiens, la respuesta a si hay vida inteligente fuera de nuestro planeta, es una obviedad. ¿Nos costaría mucho admitir que fuéramos hijos de la estirpe de algún marciano o extraterrestre? ¿Preferimos ser hijos de Dios? ¿y si Dios fuese un marciano? Pues a ver si la cosa no es interesante, hasta yo mismo me convertiría a alguna religión. Por limitarnos a la iglesia mayoritaria en nuestras latitudes, podríamos especular con los marcianos de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, que serían los representantes en la tierra de los verdaderos marcianos, de los que todos procederíamos. Lo que es indudable, por mucho dios que nos pinten, es que nuestra materia es cósmica, somos polvo de estrellas, y llevamos circulando trece mil ochocientos millones de años, desde que se produce el Big Bang, lo que equivaldría a la edad del universo. De ahí que cuando pensemos en dioses u oremos, miramos al cielo, porque de ahí provenimos. ¿Y qué había antes del Big Bang? Ni idea. Stephen Hawking, aquél genio del que tanto aprendimos, respondió a la pregunta con un “nada de lo que pudo existir antes del comienzo del universo, tal cual lo conocemos, tiene algo que ver con lo que vino después”. Pero quedémonos en los 13.800 millones de años de edad del universo y en sus 93.000 millones de años luz de extensión, aunque parece no hay unanimidad sobre su forma. No importa, sírvanos pensar que es algo muy grande, tanto que no ponemos metérnoslo en la cabeza. Lo que sí es posible cuestionar es si hay o no vida y qué tanto de importancia tiene en esto el fenómeno UFO u OVNI, que así se conoce a esas naves, supuestamente tripuladas por marcianos (extraterrestres para ser exactos) que nos llevan visitando desde que el mundo es mundo. Y no solo visitando, sino que hay cientos de casos (ciertos o no) de abducciones por estos extraterrestres. Es una dimensión apasionante la de la ufología y del fenómeno ovni, así como el de los antiguos astronautas. El caso más antiguo de la era moderna es el avistamiento de Kenneth Arnold el 24 de junio de 1947, por lo tanto, no hace demasiados años que nuestra cultura se ha contaminado con este fenómeno. Pero como ya hemos visto, existe la hipótesis de los antiguos astronautas que explica a través de hipótesis y teorías y ¡cómo no! de imágenes, las representadas en el Arte desde la prehistoria, el contacto humano con seres extraterrestres. Vivimos un momento apasionante para debatir sobre esta cuestión. La pena es que Asturias no es lugar de avistamiento de ovnis ni parece que hayan demostrado demasiado interés en nosotros nuestros primos marcianos. Parece ser que los únicos avistamientos desde los años sesenta del pasado siglo se concentran en Gijón, Candás y Luanco. Siendo así no me explico cómo el próximo seis de junio se celebrará en Oviedo el Congreso UAP / OVNI Oviedo 2026, que tendrá lugar en el Calatrava, nave extraterrestre en sí misma, lugar de reunión para un nutrido grupo de expertos que hablarán sobre el fenómeno OVNI y pondrán buenos ejemplos sobre el estado de la cuestión. Lo que más me sorprende, además del lugar de celebración, es el precio de la entrada para asistir a este congreso y que su venta se haga a través de entidades que gestionan eventos y espectáculos. ¿Acaso el espectáculo estará detrás de los encuentros en la tercera fase? No quiere decir que no haya que pagar por la asistencia a un congreso, pero dada la importancia para la humanidad, debería ser de acceso abierto y gratuito para humanos, marcianos y extraterrestres. Una pena que las entradas al congreso sean tan caras y estén a punto de agotarse. Por cierto, como nunca vi un OVNI, estoy deseando que me visiten mis primos extraterrestres…

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