El polifacético artista recibió el premio Best Directorial Debut of a Feature Film por El Enigma del Ático Izquierda en el 2010 Spring LA Awards de Los Ángeles

Javier F. Granda / Grau
El 30 de abril llega al Auditorio / Centro cultural de Grao el artista Carlos Álvarez Cabrero (Oviedo, 1967) con su última película C.C.I.F. y con él el cine underground asturiano más internacional. En 2010 recibió el premio Best Directorial Debut of a Feature Film por El Enigma del Ático Izquierda en el 2010 Spring LA Awards de Los Ángeles (USA), que supuso un reconocimiento internacional a su faceta como director cinematográfico experimental. Pero Cabrero no sólo hace cine experimental, sino que es un artista total en varias disciplinas y todo lo hace con una marcada autoexigencia. Cabrero ha desarrollado una línea de trabajo donde se observa un enorme interés por la crítica social que aborda desde la caricaturización, empleando una figuración que bebe del cómic y de la cultura pop para amplificar todo tipo de realidades con una peculiar e inconfundible ironía. Está dotado de una capacidad para trasladar esta particular forma de modelar la realidad a todas sus expresiones, incluyendo la cinematográfica. Es, sin duda, uno de los grandes iconos de la contracultura, la movida y la noche ovetense. Su obra es inconfundible y manifiesta una decidida continuidad a lo largo de los años. Su personalidad se define por una marcada sensibilidad y un genuino sentido del humor, a veces impopular. El nombre de Carlos Álvarez Cabrero está indisolublemente ligado a Oviedo. Es en Oviedo y en sus calles donde reside uno de sus estímulos creativos. La ciudad es una fuente inagotable de recursos y algunos de los bares del Antiguo su centro de meditación y laboratorio donde afinar ingenio y lucidez. Este artista deslumbrante y absoluto se nutre de la vida. De la inabarcable y múltiple realidad para reconvertirla en Arte. Es verdad que hay una ciudad dormida, hermética y opaca a propuestas que transgreden los márgenes normativos de una tradición que se enfunda cada día en un mohoso corsé, que no valorará jamás el aire fresco que se cuela por los huecos vivificantes del presente y sigue influenciada por los voceros de una sociedad retrógrada abocada a la extinción. Ahí se quedan, porque la vida sigue. Y es lo que Cabrero nos trae: vida, imaginación desbordante y mucha ironía. Cabrero lo supo muy pronto y por eso nos devuelve esas imágenes suyas desde hace décadas. La caricatura lleva implícita la sátira y ésta encierra un trasfondo crítico y mordaz que ha de llevar inevitablemente a una clarividencia sobre aquello que se trata de expresar. Carlos es un maestro de la sátira pues lo es de la caricatura. Pero si no fuera suficiente con esto, se ayuda, sobre todo cuando se trata de dibujo o grabado, de pequeñas advertencias textuales que acotan los contextos. Cabrero tiene el don de la narrativa, del ingenio y de la fina ironía; herramientas que permiten explorar diversidad de aspectos sin que salten las alarmas. A veces se da unos homenajes de órdago, pero pronto vuelve a recogerse y deja tan solo entreabierto un pequeño frasco de esencias para que se perciban con disimulo e intensidad. ¿Y de qué nos habla? Pues de casi todo lo que ninguno de nosotros alcanzamos a ver. He ahí otra gran virtud del artista: mostrarnos mundos que desconocemos pero que existen, que son tan personales que si él no los mostrase no serían imaginables para nosotros. Esto es algo consustancial al Arte: ayudarnos a transitar otras realidades. Los artistas lo hacen, Cabrero lo hace, Cabrero es artista. Pero además Cabrero es humilde y sabio, no se vanagloria de nada de lo que hace. Rescata personajes castizos o extraños tan rotundos como anodinos y nos muestra una sociedad a veces enferma, otras alucinada. Sus libretas atestadas de dibujos a boli, verdaderos códices, han servido para improvisar exposiciones e ilustrar numerosos libros. Su obra pictórica es de una amplitud desbordante, pese a su elaboración lenta y meditada, que se sitúa a la altura de sus pensamientos y de las ideas más extraordinarias que nadie, sin ser Carlos Álvarez Cabrero, sería capaz de proponer. Su obra y su personalidad han propiciado el nacimiento de una hermandad entre numerosos artistas, escritores y creadores que le veneran. Sus películas son tan auténticas como el resto de sus creaciones. En C.C.I.F. se puede ver la esencia de Álvarez Cabrero, si bien donde más se puede disfrutar su creatividad es en pleno rodaje cuando dirige a sus actores y decide el lugar que todo debe ocupar. Una oportunidad para descubrir en el Auditorio / Centro cultural de Grao a Carlos Álvarez Cabrero que no regresaba a la villa desde 2008 cuando expuso su obra pictórica y proyectó dos de sus creaciones cinematográficas en el Palacio de Miranda-Valdecarzana.
Además una exposición pictórica de este artista titulada ‘Ley perruna’ sobre los derechos de estos animales de compañía, se podrá visitar hasta el 10 de mayo en la librería Dos Vías en la calle Manuel Pedregal nº 25 de la villa moscona.
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