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Acordes del pasado

Luis G.Donate

Bienvenidos, un mes más, a esta nuestra tertulia. Espero que estas letras os encuentren bien. Últimamente, el mundo cambia a cada segundo y tengo la impresión de que aquellos que luchamos por ser «constantes» somos cada vez más escasos. Por eso, mi alegría se redobla al saber que seguís ahí para leerme. Dicho esto, metámonos en faena.

Hablo de los cambios de mundo, porque la mutación, la evolución está tan presente en el universo como la entropía hacia la que todo tiende. Dejemos el caos para otro día y vayamos a lo que nos interesa: el cambio. En este caso uno muy particular. A lo largo de la vida, los gustos musicales experimentan ciertas variaciones. Resulta imposible evitar que alguna de esas piezas que en algún momento nos hicieron vibrar, acaben perdidas u olvidadas bajo el peso de la vida. Sin embargo, puede darse el caso de que alguna de esas obras vuelva a nuestra vida. Casi siempre de la mano de una persona o suceso capaz de resonar en el corazón u hacer sonreír a la mente. La ciencia dice que somos ondas. Quizás entonces el alma sea música y cuando encontramos a alguien afín, dicha afinidad sea una cuestión de si somos o no discordantes.

Dicho esto, creo que va siendo hora de cerrar el asunto e «irme con la música a otra parte». Espero que, como siempre, hayáis podido sacar algo en limpio de mis crípticas palabras. Los sabios de oriente acostumbraban a encerrar pequeñas perlas de sabiduría en historias como esta. Supongo que se me acabó pegando esa costumbre. Corred a buscar unos vinilos y escuchad vuestra canción favorita. Mientras tanto, yo me despido de vosotros y quedo a vuestro servicio. Hasta la próxima.

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