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Patatas y guindillas

Luis G. Donate

Bienvenidos un mes más a este nuestro rincón de tertulia y pensamiento. En esta ocasión parece que el calor da tregua (al menos en esta parte del mundo). Esperemos que pronto se extienda a las demás regiones y esto permita poner coto a los incendios. Dicho esto, metámonos en faena, que hoy toca hablar de trabajo.

Escribo estas letras momentos después de haber terminado una de las cosechas del año, patatas y guindillas. Quienes me conozcan sabrán que disfruto de las patatas en todas sus formas y que el picante es lo mío. Por eso podrán sin duda inferir la importancia del evento. Siempre resulta gratificante ver que aquello que se pretende cultivar prospera sin trabas y llega a dar fruto. Cada año es un poco más difícil gracias a jabalíes, topos y una climatología cambiante pero ahí seguimos. Hace años leí en una novela que los agricultores tienen el mismo espíritu que los buenos generales. Preparan, disponen y confían en que los daños se reduzcan al mínimo posible. Yo diría que tal aseveración está en lo cierto. También, no puedo sino asegurar que yo mismo más que agricultor soy un simple diletante venido a menos. Pero muy entusiasta, eso sí. Hubo hace muchos años una persona (tristemente ya fallecida) que me dijo que estaba llamado a seguir ese camino. En aquel entonces desestimé tal idea compadeciendo a la huerta que cayese en mis manos. Seguro que hoy se reiría si pudiera leer esto.

Hasta aquí la disertación de este mes. No he podido evitar fijarme en que el título tiene una doble función. Ilustra el contenido del artículo y os hace una sugerencia para la cena. Espero que si seguís su consejo, os resulte tan agradable como hayan podido serlo estas letras. Yo, por mi parte, me despido y quedo a vuestro servicio. Hasta la próxima.

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