Publicado el: 07 Oct 2020

El molino de Filomena, el último que funcionó en Valle del Lago, vuelve a moler

El único molino en funcionamiento en Somiedo fue recuperado durante el confinamiento por la nieta de la antigua molinera y su pareja, gracias a que la familia no permitió que se derrumbara y mantuvo el teito de escoba en buen estado

Guillermina y Luis delante del molino/ Manuel Galán

Manuel Galán/Somiedo

El único molino en funcionamiento de los que hay en Somiedo, incluidos los seis presentes en Valle de Lago, está en este bello pueblo somedano, en el barrio de L’Auteiro. Su última molinera se llamaba Filomena. Ella, con Luis y Guillermina, representan la resistencia del patrimonio al paso del tiempo. El molino, situado en el tercer barrio del pueblo de Valle del Lago, al comienzo de una espectacular cuenca glaciar que alberga el lago más grande de Asturias, tiene un núcleo de población muy vital, activo, plural y comprometido con su patrimonio. De hecho, aquí recuperaron hace años esos encuentros populares a la lumbre abiertos a todo el mundo, los filandones de antaño, pura tradición oral, de la mano de Inaciu y Mari. No es casualidad que muchas de las fotos del Museo del Pueblo de Asturias que ilustran la vida campesina de Somiedo provengan de archivos y colecciones privadas aportadas por vecinos y vecinas del Valle del Lago que, además, han sido recientemente recogidas en una colección única por el propio Inaciu. Aquí también se gestó en el año 81 la Taberna L’Auteiro cuyos propietarios, como otros vecinos y vecinas de Somiedo, abrían su propia casa a aquellos primeros excursionistas de los años 80. El molino está en el lado umbrío del camino alternativo que lleva a Lago del Valle. Además, tiene la peculiaridad de que su techo es de escoba, toda una singularidad que lo hace único en nuestro patrimonio. El molino de Filomena fue el último en activo hasta principios de los 80. Fue en plena pandemia, durante el confinamiento entre marzo y mayo pasados, cuando Guillermina y Luis lo pusieron en funcionamiento y limpiaron el acceso desde el camino principal. Sin embargo, fue en el año 2000 cuando hicieron la rehabilitación principal de las piezas del molino. Guillermina comenta que se trata de “un molino de maquila. Por cada copín de harina cobraban con una maquila”. Guillermina, que es natural del Valle y Luis, del pueblo de Urria, se afanan por explicar a las personas que lo visitan todos los detalles del enclave, mostrar las herramientas y poner en funcionamiento, con mucha pericia, este molino que huele a harina. Dice Guillermina que “hay un punto intermedio desde que mis abuelos dejan de darle uso al molino hasta que Luis y yo continuamos manteniéndolo. Fue mi madre, quien, cuando heredó el molino, se empeñó en mantenerlo sola durante más de una década. El mantenimiento que mi madre hizo del teito permitió que llegase hasta nosotros en perfecto estado. Ese mantenimiento fue sólo del teito ya que el molino como tal dejó de utilizarse con mi abuela. Mi madre, Laurentina, que tiene 86 años en la actualidad, siempre se resistió a abandonar el molino que en su juventud había sido un importante apoyo al sostenimiento de la economía familiar”. Y es que, situado en uno de los enclaves más espectaculares del Parque Natural de Somiedo, a escasos 300 metros de la casa de Guillermina, existe este lugar mágico con historia, tal y como nos cuentan Emma y Marité, vecinas de Valle del Lago. Emma, propietaria de apartamentos La Pinietsa, comenta: “Mis recuerdos de la infancia van unidos a ese molino. Recuerdo cuando iba con mi madre a moler la harina. Mamá dejaba el copín a Mena, la molinera. Recuerdo las manos de mi madre siempre “enfarinadas”. Luego, hacía ese pan tan rico y tan importante en la alimentación de las casas campesinas. El molino de Filomena es parte de nuestra historia y una manera muy guapa de dar a conocer lo que somos. ”.

Recuperar el patrimonio En palabras de Marité Lana, natural de Valle del Lago como Emma, y directora del Ecomuseo de Somiedo, “es importante que individualmente hagamos labores de recuperación de patrimonio. Está bien exigir a los organismos públicos ayudas, pero eso no exime que cada cual haga lo que pueda dentro de sus posibilidades. Para mí, es el molín de Mena y Gabino, abuelos de Guillermina y tíos de mi madre. Cada vez que paso por allí o veo una foto, me viene el olor a harina, cuando íbamos a moler”. Luis Fernando Alonso, director del Parque Natural destaca que “proyectos como la recuperación del molino son una motivación para personas que trabajan en la Administración para seguir adelante”. Y añade, “fue muy gratificante visitar el molino de Valle del Lago en funcionamiento este verano. Esas experiencias hay que desarrollarlas más en Somiedo”. Luis recuerda cuando Mena le decía: “Hay que cuidar bien del molino, es la mejor vaca que tenemos”, en referencia a los ingresos que el molino le podía dar, lo que demuestra la importancia de vincular patrimonio con alguna fuente de ingreso para garantizar su mantenimiento, antes y ahora.

Filomena y Gabino

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