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El negocio de la política

Por José Manuel R. ANTOMIL

Casi todos los de mi generación, de muy jóvenes, hicimos nuestros pinitos en política, pero poco a poco nos fuimos decepcionando porque lo que primaba eran las directrices del aparato del partido y no los ideales por los que habíamos luchado en nuestra época estudiantil. Pasados los años, de vez en cuando, algunos nos reunimos para recordar viejos tiempos. A esas reuniones siempre faltan los más torpes de la clase. Esos se dedican a la política y llevan en ella casi cuarenta años. Aquellos años de ilusiones, en asambleas, manifestaciones, mítines, conciertos-protesta… años de ilusión por conseguir un mundo mejor, se tornaron en años de decepción como la situación actual, donde un día sí y otro también salen a la luz escándalos de corrupción.


Siempre pensé que dedicarse a la política era una forma de dedicarse a lo que te gustaba, a trabajar por tus ideales en beneficio de la comunidad. Pero tiempo andando, se ha demostrado que muchos solo han trabajado en beneficio propio, convirtiéndose en los burgueses de la actualidad.
Ningún político debiera ganar más de lo que ganase en su trabajo habitual, pues la política es vocacional. Pero se da la circunstancia de que la mayoría nunca han trabajado en otra actividad, por lo que, como mucho, su sueldo sería el mínimo interprofesional, muy lejos de los sueldos millonarios que ellos mismos se ponen. ¡Cuánta decepción! Muchos se han hecho millonarios, teniendo como único mérito el haber llevado este país a la ruina. Otros son presuntamente corruptos, pero nadie dimite ni a nadie se le piden responsabilidades. Así las cosas, se ha originado una desafección de la ciudadanía hacia la vida pública, pues es comentario general “son todos iguales” y es verdad, todos se ponen de acuerdo para ponerse sueldos, dietas, kilometrajes, etc y la prebenda de que con muy pocos años cotizados tienen derecho a una pensión, cuando al común de los mortales se les exigen 35 años y eso sin contar las innumerables puertas giratorias.
La ciudadanía tiene que reaccionar. Hay que acabar con esta situación de privilegio. La política tiene que dejar de ser un negocio. Quienes se dediquen a ella tienen que cobrar, sí, pero hay que exigirles trabajo y honradez y sobretodo responsabilidad. Manejan cantidades ingentes de dinero que sale del sudor del ciudadano y no se les puede permitir dilapidarlo de cualquier manera. Hay que pedirles responsabilidades a ellos y a sus partidos como responsables subsidiarios. Esta fiesta de privilegios y corruptelas tiene que acabar.

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