L. S. N./La Voz del Cubia
La bola de encina negra pasa a toda velocidad, golpea a los finos bolos de madera y los lanza por los aires, como voladores. Produce una alegría espontánea verlos saltar. Los hay que se quedan cerca, y solo valen un punto. Otros caen más allá de la línea roja, y valen 10. Los afortunados que vuelan de verdad y atraviesan la portiella (una valla situada más allá) valen 50. Es la modalidad de bolo batiente, un juego propio del concejo de Grado y limítrofes, hasta el entorno de Avilés, que está al borde de la extinción en el concejo, donde había multitud de boleras, en las que la gente pasaba horas. Ahora sólo queda una, y es privada. La construyó hace más de 30 años Cándido Álvarez, en su casa de Los Panes, un paraje maravilloso, alto y soleado, unos kilómetros más allá de Riviellas. Ahora todos los sábados, a partir de las doce de la mañana, la abre a los moscones, a petición del Ayuntamiento.
“Yo estoy dispuesto a ayudar en lo que pueda para que los bolos no se pierdan”, asegura este ebanista, que trabajó en Ensidesa en Gijón y que cuando se jubiló volvió a Grado, donde creó lo que se puede llamar el paraíso del paisano: una casa de dos pisos, con huerta, taller de carpintero, llagar de sidra, hormigonera y una bolera como solo quedan tres en toda Asturias, porque es de barro, a la vieja usanza, cuando las que se construyeron después son de entillao, de madera. “La de barro es mejor, pero necesita casi un obrero para ella sola”, bromea Cándido, que mantiene la suya con un pisón, ya que el paso de los bolos agrieta la tierra apisonada que forma la calle, de 24 metros de longitud.
Cuando hace buen tiempo, los sábados por la mañana, a las doce, un grupo de aficionados a los bolos va a la bolera de Cándido, a jugar y mantener la tradición. Todos los aficionados de Grado o los que quieran aprender están invitados.
“La idea es que la gente lo conozca, y fomentar la afición. Queremos recuperar este juego tradicional, que no se pierda, y tenemos el proyecto, más adelante, de construir una bolera en el parque, detrás de La Panera”, señala el concejal de Cultura, Plácido Rodríguez, que acude a practicar cuando puede, y anima a los vecinos. “Los que estén interesados, pueden preguntar en la Casa de Cultura, o ponerse en contacto con el concejal”, añade.
La bolera que se construya en Grado será de tabla, no de barro, porque éstas requieren mucho mantenimiento. El bolo batiente es divertido y requiere mucha maña. Se parece al bolo americano, pero es más espectacular, porque no sólo se tumban los bolos. Vuelan.
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